Hoy vamos a poner la maternidad contemporanea sobre la mesa

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CAPÍTULO 4 DE “MOTHERLAND” EN ABIERTO, EN EXCLUSIVA ESTE CIBERMONDAY MONDAY: EMPIEZA A LEER AQUÍ MISMO

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Mi querida niña:
Todo el mundo te dirá que ser madre es maravilloso, pero no lo es.
Maravilloso es una palabra que pertenece a tu vida anterior.
Era maravilloso improvisar, coger un avión, cruzar un cielo y aterrizar en París. Maravilloso era leer un libro hasta el final, saltar en un concierto toda la noche y derrochar el domingo siguiente en el sofá… Maravilloso era pasear sin rumbo, leer toda la noche, escuchar el silencio, salir, cenar, que nos dieran las tantas, conducir sin destino, viajar sin reservas, flotar en la cama sobre un cuerpo conocido, con una resaca digna y un paquete de aspirinas. Maravilloso era tener la talla S,
el pecho en su sitio y reír a mandíbula batiente sin tener que cruzar las piernas. Pero no, maravilloso es una palabra que no se acerca ni de lejos a la maternidad, pertenece a otra vida con su idioma maravilloso.

No. Ser mamá te saca de tu «maravillosa» vida, para que empieces otra vida. Una vida agotadora que te expone a la pérdida y al amor como nada en este mundo. Una vida sideral que viene con un amor que no cabe en toda la galaxia y lágrimas que se perderán en la lluvia a las puertas de Tannhäuser.
Ese tsunami de agua dulce que se lleva todo lo que fuiste para dejarte en carne viva, tendida al sol de la felicidad, es la primera felicidad que importa más que tú.

Es embriagador, es agotador, es adorable y, desde luego, no es para todo el mundo.

Lo voy a repetir: NO ES PARA TODO EL MUNDO.
La maternidad te obliga a recorrer un pasadizo imposible entre lo sublime y lo extenuante cada día de tu nueva vida, que ya no es vida, es otra cosa.

Así que, si no estás muy convencida de que esto sea para ti, no puedes o no quieres, no te preocupes, ahí va la supernoticia:
NO SE PUEDE ECHAR DE MENOS ALGO QUE NO SE HA CONOCIDO.
Estás a salvo. Inspira, expira. Que suene la orquesta.
Imagina que nunca hubieras probado el chocolate. Los que lo han hecho te dirán que es el sabor más sublime que puedas imaginar, intentarán explicarlo, harán poemas, tuits, blogs y canciones.

Predicarán a los cuatro vientos que es lo más maravilloso que les ha pasado nunca, que da sentido a sus vidas… bla bla bla. Pero si tú estás feliz con tus ostras, tu trufa y tu foie… jamás extrañarás el sabor del auténtico chocolate suizo y, por muy sublime que sea, vivirás tu vida, plena, que seguirá siendo maravillosa del todo.

Te lo garantizo.
Con frecuencia, madres y padres nos empeñamos en convertir
a nuestra religión a todo hijo de vecino, solo porque nuestra verdad ha sido una epifanía bestial para nosotros, hasta el punto de que, a menudo, olvidamos que esa epifanía es solo nuestra.

Que producir diariamente cantidades ingentes de amor infinito hacia seres en miniatura, superabsorbentes y demandantes, que marcarán todos y cada uno de los días de nuestra existencia, que ahora es de ellos, no es ni mucho menos para todo el mundo. No. Hay muchos lugares que descubrir, olas que coger, vacunas por inventar y desde luego hay que hacer algo con la ablación femenina, la capa de ozono y la presencia de mujeres en el poder y la toma de decisión, empezando por esta Biblioteca Nacional en la que escribo rodeada de nombres de hombres, ni rastro de nosotras.
Así que la vida ofrece plenas posibilidades para que la llenes de greatest hits. (Plus: Recuerda que siempre están los hijos ajenos para acabar de ellos hasta el gorro y poner una equis en «tarde de zoo con los sobrinos»).

Si eres una de estas mujeres, cielito, estamos de enhorabuena, necesitamos más chicas así, para que el planeta no derrape de tanta testosterona y acabe saliéndose de la órbita a lo Schumacher-Trump.
Más mujeres ayudando a mujeres, más políticas, más científicas, más
CEOS mujer, más escritoras, investigadoras, filósofas, arquitectas,
descubridoras, pensadoras y cineastas.
Sororidad al poder, el mundo maravilloso es vuestro.
Así que: NO DEJES QUE NADA NI NADIE TE PRESIONE.
Pero, eso sí —redoble de tambores—, si te gusta, si es lo tuyo y lo sientes, ser madre (o padre) hará que la palabra maravilloso pase a ser un previously del concepto maravilloso.
La maternidad trasciende la maravilla, porque te conecta con la sustancia, la médula espinal de la vida, el compromiso. Es como un viaje al meollo de la existencia, que te da la oportunidad de extraerle todo su sentido (¡ahí van las gaitas escocesas, vamos, Robin Williams, haznos subir a los pupitres!).
Sí, a mí me ha encantado ser mamá, lo digo desde esta silla, en mitad de la Biblioteca Nacional, rodeada de nombres ilustres, junto a la placa de Alfonso X el Sabio y Raimundo Lulio, con la mano en el pecho mientras Carmen Laforet sube el volumen de las gaitas escocesas.
La maternidad es una razón. Una epifanía y una oportunidad para la trascendencia. El hit definitivo.
Pero quizá no es para todo el mundo.

El tema, vamos, el temazo, es que nunca estás demasiado segura, ni de que sí, ni de que no. El mundo te atiborra a promesas publicitarias y estímulos que van retardando el momento, que nunca es bueno, entre otras cosas porque tiene que haber —no siempre, pero sí en muchos casos— un padre adecuado, metas profesionales y espacio.
Luego, mi niña, mi humilde recomendación es dejarse llevar por las tripas.
No te dejes vencer por la presión social.
Si lo que te ocurre es que no sabes cuándo, te da vértigo, miedo, desconfianza, y en el fondo de tu ser es lo que quieres, pero nunca es buen momento, yo te digo: ESCÚCHATE.
Y si quieres, ADELANTE con todo y zapatos, aunque sea sola
(*spoiler, la maternidad es bastante solitaria, querida, aunque tengas
pareja, amigos y padres, así que, no te obsesiones con eso, hay algo muy
intrínsecamente personal en esa decisión), hazlo desde la acera contraria
del miedo. Tu ser sabe lo que quieres, el miedo solo sabe de miedo.

Si quieres SER MADRE, lánzate hasta el infinito y más allá, sola o acompañada, que la compañía llegará.

Un hijo te coloca en el mundo y le da sentido a tu universo, disuelve los principios y los finales, desestructura las esquinas de una vida que parecía completa. Un hijo rebosa el significado de la palabra AMOR y del concepto DAR. Tu bisabuela decía que no se sabe lo que es querer hasta que se tiene un hijo, y yo estoy aquí para decirte
que, al menos, así fue para mí: jamás había querido tanto.
¡Casi me estalla el corazón!
Así que, puestos a hacerlo, que te pille con energía y un suelo pélvico decente, que parir a los cuarenta no es lo mismo (aunque la prensa insista en convencernos de que sí).
Luego (y no sería tu madre si no lo hiciera), allá va mi segundo consejo de madre: infórmate, es una decisión demasiado importante para tomarla a la ligera. Y no dejes que nadie (da igual marido, carrera, ascenso profesional que no llega, circunstancias menores) aplace la decisión hasta los límites de tu edad fértil. Muchas madres de mi generación hemos llegado por los pelos, porque creíamos que no nos lo podíamos permitir. Again the unexpected.

Si algo cambiaría es ganarle unos añitos al tema. Desgraciadamente, conozco demasiados casos de mujeres que se quedaron en las puertas de algo que deseaban, como un segundo hijo. Y eso, querida, nos lleva al tema dos de este bonito disco:

El segundo hijo. Este es otro de los grandes temas y, como el primero, es realmente opcional, igual que el tercero o el cuarto, vayamos despacio.

Las felices madres que desde el convencimiento optaron por el hijo único tienen que soportar esas miradas afectadas en el súper en las que se puede leer:
—¿Y el segundo, querida, para cuándo? ¿Cuando? ¿Cuándo?
¿Cuándooooo? Se te va a pasar el arroz.

Arrrrrrrrrrrg, qué expresión tan desafortunada. Cuánto cocinillas suelto.

El segundo hijo es un regalo, pero hay que tenerlo claro como el cielo. Si quieres mantener los condados de tu independencia, tienes todo el derecho, solo tú puedes tomar esa decisión. Es una osadía que volverá a cambiarlo todo, ¿spoiler?, sí.

Pero lo mismo que dije antes, si dudas, si una parte de ti lo desea y es el miedo, el maldito miedo el que frena tu fluir natural hacia la posibilidad de tener dos o más hijos; si sientes que sería bonito que vayan juntos en la vida y algo en los fondos mamíferos te pide volver a embarazarte y vivir de nuevo esta increíble experiencia: desenrosca las velas y pon rumbo a Ítaca, vas a pasar a ser el héroe de tu propia
odisea y Ulises un aprendiz.
Conocerás un amor que no destruye ni la furia de los dioses, ni el tifón del Polifemo, porque tu corazón explota en un segundo big bang, que expande tu universo más allá de todos los mares.

Mi querida niña, teneros a vosotros ha sido la experiencia definitiva en mi graduación, no como mujer ni como madre, sino como ser humano.
Ser vuestra madre ha rellenado las respuestas en blanco y ha convertido los infinitos porqués, en paraqués, dando sentido a la vida y a todas y cada una de las cicatrices de un corazón que se había roto no pocas veces.

Pero eso sí, con dos churumbeles pasas a otra liga, la Champions is here. El grado de compromiso, agotamiento, dedicación, esfuerzo y otros quince adjetivos, que no puedo escribir de lo cansada que estoy cuando llega el final del día, es TO-TAL. (Al menos al principio, que es lo que conoczco).

Por eso no es para todo el mundo.
Así que, si vas a hacerlo (tambores otra vez, por favor, venga esas gaitas), coge carrerilla, sube el volumen y deja que tu vida pase al siguiente grado de intensidad, donde todo despeina, uuuhhh, ¿puedes oírte gritar?, porque gritarás como en la montaña rusa y hasta levantarás los brazos al bajar como loca, en caída libre. Y aunque haya momentos en los que chillaras para dentro: bajadme de aquííííííííí, te
puedo garantizar que, cuando el cochecito se detenga, sacando tu voz de Lauren Bacall, le dirás al tipo de la puerta:

—Encanto, otra ronda por favor.

Nada me ha hecho sentir tan viva como ser mamá.
Nada me ha aterrorizado tanto como ser mamá.
Mi verdadera historia como ser humano toma cuerpo el día que
me entero de que estoy embarazada. Embarazada de ti.

Autor: Virginia Mosquera. TítuloMotherlandEditorialLa esfera de librosVentaAmazonFnac, KoboCasa del libro

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¡cambio de fechas! nueva presentación de Motherland en Ardal

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A todos los que no pudisteis venir a la press del 4 de julio, a todos los que queréis repetir, y sobre todo a todos los que os apetece venir a charlar de todas esas cosas que no te esperabas de la maternidad y paternidad, de todas esas cosas que se podrían mejorar, y os esperamos el 18 de julio en el Ardal  en Fuente del Fresno. Y por supuesto ¡habrá concierto! y talleres para niños

Os esperamos!

SI QUIERES ECHAR UN OJO DENTRO DE LIBRO: HAZLO AQUI

O SI QUEIRES ESCUCHAR A QUÉ SUENA:  AQUI SUENA MOTHERLAND

 

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Hoy es el día de la niña (que llevas dentro)

0f07cadc751b8878187d7bf1ff32c2deA todas esas niñas que fuimos, que somos, que nos descubrimos a veces, sí, porqué no, vamos a reconocerlo, compitiendo con nuestros hijos. Niñas grandes cuidando de niños pequeños, que a veces, sí venga, vamos a decirlo, no hay quien aguante. Venga, un pelín de sinceridad, asiente conmigo, no hace falta que lo digas en alto, es sólo un pensamiento fugaz. Les adoramos, daríamos la vida por ellos, son, con mucho, lo mejor que nos ha pasado, pero a veces te quedas con ganas de decirles: “joooooooo, déjame jugar un ratito a mis cosas”. No pasa nada, no eres peor madre, y hoy es una excusa tan buena como cualquiera otra para ese merecido un homenaje a nuestra niña interior. Esa que quiso ir de compras en lugar de al parque de bolas, pedir tataki de atún en lugar de croquetas de pollo, salir a correr en lugar de correr para ponerle la ropa por la mañana, dormir del tirón en lugar de con ellos encima, ver Juego de tronos en lugar de la Patrulla canina y llevar, a ser posible, un día, la camisa sin unas manitas estampadas color chocolate. Sí,  querida niña interior, te mereces un aplauso, te entiendo TANTO. Y esto aunque no suene es un aplauso de palabras, un baño de amor, ¿lo escuchas?, pues te lo mereces porque deberías darte un mensaje, hacerte ese corte de pelo, unas uñas moradas y unas botas nuevas (una mujer nunca tiene demasiadas botas). Un aplauso porque te vendría de perlas, dormir un día hasta las 12, salir con tus amigas, leer un libro hasta el final, ir al concierto de Arcade Fire, ver Blade Runner o brindar bajo las estrellas del cielo de Madrid que esta noche dan 20º y tu santo está que cruje. Sí, un aplauso especial, básicamente porque por mucho que darías un brazo por ese masaje de riñones o esa cena con amigas en modo despiece, hoy, al final, hay extra-escolares, tutoría del cole, has comprado filetes para la cena y en fin, que, como cada noche, les leerás un cuento y te quedarás previsiblemente dormida, abrazada a  tu muñeca favorita, el amor de tu vida, tu hija, tu hijo… porque hasta que no inventen las vitaminas para madres, y teniendo en cuenta el histórico de tu comportamiento, no creo que des para más.

(suspiras)

A cada una de nuestras niñas interiores, mi más sincero homenaje os merecéis, como mínimo, un aplauso ( incluso porqué no, esas entradas para ver Arcade Fire).

Desde la maternidad, feliz día de la niña.

 

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y para los tiempos que corren

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nuevo poster para los grandes olvidados

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Y otro poster más

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Ya tenemos poster

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Hoy en Masmujeresaseguir

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aquí puedes seguir la entrevista completa

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greguebeberías

–¿Me perdonas, chiquitín, por llegar tan tarde  del trabajo hoy?

–Sí, perdona, mamá

 

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