Coming soon, la dulce espera y la estrecha mentira de la conciliación

Esperar un bebe es con mucho la experiencia que más rellena los recovecos de la palabra esperar. Lo contiene todo, la espera, la esperanza incluso la desespera-ción, y es que un embarazo es un constante y arrítmico baile de hormonas, y sino, que se lo pregunten a los a esos santos, que acompañan a las mamis embarazadas, que son los prepapás. Y es que en un embarazo hay muchos altos y muchos bajos. Las embarazadas de hecho, son los únicos mamíferos, junto con los niños que pueden llorar y reír al mismo tiempo y eso es digno de verse. Necesitamos grandes dosis de comprensión y paciencia a granel, porque no es fácil. La barriguita pesa, la espalda duele y el ardor es un incendio permanente. Se duerme mal, vestirse es un delirio, el peso pesa y la sensibilidad está a nivel de telenovela venezolana. Y eso no es fácil de entender. Además la mayoría de nosotras no tiene el apoyo necesario en el trabajo. Más de una se coge la baja y recibe el típico mail de su feje (casi sienpre hombre) que le pregunta si puede atender unos mails, y acaba entrando con la black berry en el paritorio, ya sabes, por las dudas. O lo que es peor, más de una es orillada a un rincón y es deportada a la Siberia de su carrera, con la consiguiente descalabro de autoestima, mientras sus compañeros varones sigen ascendiendo. Ésto, con casi 40 tacos, es un palo. Luego está el ataque de las Hormonas Hosting, o lo que es lo mismo, esa fuerza irrefrenable que te obliga a peinar el Zara Home Kids, como si no hubiera un mañana, levantar el suelo de tu casa y remodelar la cocina espontáneamente a las 10 de la noche. Y nada de esto está en nuestras manos, es la Señora Oxitocina, la que ordena y manda a su antojo desde las cocinas del cerebro reptiliano. Esta señora es tu nueva jefa, y eso tampoco es fácil de entender, ni siquiera por nuestros queridos santos, que por mucho que se esfuercen, nunca se podrán poner en nuestros zapatos, que por cierto con este calor aprietan que da gusto. Nos levantamos felices cada mañana acariciando la barriguita y soñando con nombres de bebes, pero no nos engañemos, los reveses del día, por pequeños que parezcan, nos pueden llevar a desesperar, (yo el otro día rompí una silla de metacrilato ante la estupefacción del padre de mi hija); y esque cuando la Señora Oxitocina te dice que tu marido tiene que encargarse de lidiar con los obreros, o lo hace, o la Señora Oxitocina se coge un cabreo de diosteampare.

Con frecuencia nos preguntan nuestros cónyuges, qué puedo hacer por ti, no te entiendo. Y la respuesta es sencilla, no os pedimos que amamantéis, no es necesario que os convirtáis en nosotras, no, ni si quiera que tengáis en la cabeza toda la info que manejamos desde el momento que sabemos que estamos en estado de buena esperanza, no. Vuestra función es proteger y proveer. Protegernos de la familia, del trabajo, del estrés, los problemas, las facturas, la compra, el lavaplatos incluso de nosotras mismas. Y nosotras, mamíferas de pro, nos ocupamos del resto. Así de básico. Pero así de real. Y esto, no nos engañemos, no es un retroceso de la lucha feminista, es una realidad de carne y hueso, de la que tenemos que estar orgullosas. Nuestro cuerpo está pensado para parir y amamantar, y el del hombre para proteger y proveer, y en este periodo de nuestra vida, lo mejor es no reinventar nada. Luego volveremos a nuestras empresas y seguiremos siendo tan competitivas y geniales como siempre, pero ahora lo que toca es proteger al bebe de la forma más natural y sencilla, escuchando nuestros cuerpos. Y esto es lo que una mujer embarazada, cuyo catálogo de emociones es más extenso que la guía telefónica espera, cuando dice que está esperando: comprensión de la buena buena.

Acerca de motherland mamífera

Virginia Mosquera Nació en Madrid en 1974. Graduada en CC de la Información, cursó un postgrado de tres años en la Escuela de letras, además de los seminarios “Story” y “TV Series” by Robert McKee. Escritora. Creativa. Guionista. Percusionista y recientemente, madre de dos hijos. En la actualidad trabaja como directora creativa en una agencia de publicidad. A veces, en la ventana, toca el ukelele.
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