Pequeños placeres. Egoísmo filantrópico y una ramita de perejil.

Ser egoístas durante el embarazo es fundamental. Quizá el momento más justificado de tu vida, porque todo lo que te hagas para ti, es para tu bebe. Es el primer egoísmo filantrópico. Tráeme esto o hazme aquello es en realidad, un acto de bondad que repercute en el bienestar de criatura y madre, así que aprovechémonos de nuestros súper poderes y expresemos todo lo que sintamos dentro de la manera más egoísta posible. Que no te importe lo que piense nadie. Expresar lo que llevas dentro además de sano, adelgaza (lo leí en el Harper’s Bazaar). Decir lo que piensas es vivir sin peso y eso, en un embarazo es mano de santo. Si quiero que mi chico se quede conmigo esta tarde, se lo pido, si no quiero que venga mi madre, se lo digo y si quiero sandia a las diez de la noche, lo digo y la sandía, viene a mi. Y esto es extensible al gremio de los médicos, los jefes y los camareros barra modelos. Si tienes la mala suerte de tener un jefe que te pide más de lo que puedes dar, a ti plín, tu bebe está por encima de todo y además la ley, si Rajoy, no la lía mucho, te protege. Que eres de las que llama al médico cada dos días, pues le sigues llamando y si no le gusta, como a mi exdoctora Jimmy Page, te buscas otra. Y si le has dicho al camarero musculado del Pain Quotidien, que no puedes comer nada crudo por la toxoplasmosis, y el tío, tras mover la cabeza de forma afirmativa, como absorbiendo la información, te trae ensalada de guarnición, de forma que cuando amablemente le insistes, -perdona, dije nada crudo, él responde, – ¿ni siquiera ensalada?. Tu sabes que no te queda otra. Sabes que le dirás que antes de cambiarse el cerebro, te cambie a ti el plato, entero, que no te vale con que le quite la ensalada al plato, añadiendo, por cierto, que el perejil crudo que le ha puesto por encima al pollo, también está crudo. Le tendrás que pedir que se lo lleve y lo repitan, como tercero de bup, enterito. E insistir, que lo quieres todo nuevo. Y si ves en su mirada acero azul, que su mollera es impermeable, chica, coges a tu boquiabierto acompañante y te vas, porque el manager barra modelo, barra master en agudeza mental, no creo que esté capacitado para hacerse cargo de tu proceso hormonal y vital por mucho que le guste Madonna. Por cierto esto me ha pasado dos veces, en el mismo sitio y con mi mejor amigo gay, y es que no sólo el hombre comete el mismo error dos veces, la mamífera, también.

Acerca de motherland mamífera

Virginia Mosquera Nació en Madrid en 1974. Graduada en CC de la Información, cursó un postgrado de tres años en la Escuela de letras, además de los seminarios “Story” y “TV Series” by Robert McKee. Escritora. Creativa. Guionista. Percusionista y recientemente, madre de dos hijos. En la actualidad trabaja como directora creativa en una agencia de publicidad. A veces, en la ventana, toca el ukelele.
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