Amor de padre (y de madre)

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J ya conoce el sonido de la puerta cuando llega su padre, (básicamente porque salvo los abuelos ó el cartero con las multas, apenas nadie más llega a la puerta, y menos a esas horas de Dios a las que llega su padre).

J espera que papá llegue por los pelillos al baño, las medicinas y la merienda-cena, pero si de algo está segura, es de que él la dormirá, porque su padre, es el último que la duerme antes de ir a la cama. Sólo él puede al final del día domar al Kraken. Su papá tiene ese preciado don. Después todo un día de teta, gases, pañal, siesta, jugar, teta, gases, pañal, paseíto, teta, pañal, ejercicios, pañal, teta, canciones, masajito, pañal, teta, paseíto, jugar, pañal, teta canciones y vuelta a empezar, llega papá.

Eso que vulgarmente los mortales llaman el final del día, pero que para nosotros no es más que el comienzo de la noche. Su papa llega sobre las 9, aparca su cansancio junto a los paraguas, se lava las manos y al salir del baño ya es un encantador. Un mago fascinante que se saca canciones de la manga y deja un rastro de estrellas, peluches y ukeleles a su paso. Su papá le canta y ella se abandona con los brazos en estrella como si fuera un satélite atravesando una canción de los Beatles. (Suena Across de Universe). Cuando su papá la duerme, la ciudad se llena de elefantes que se van acumulando para balancearse durante toda la noche acunando a la princesita sobre la tela de una araña. Su papá hace magia potagia con acordes, armonías y elefantes y J se duerme con cara de paraíso. Eso sí, no la sueltes, o la música dejará de sonar. Por eso nosotros nos vamos turnando para ser papás- colchón. Con nuestra respiración, J bucea en REM repasando el día y reseteando sus mini vivencias poniendo esa carita mitad felicidad, mitad ardilla. Cuando ya dormida, por fin nos acostamos en manada, J sólo se despierta parar mamar felizmente unos instantes, volviendo a caer sumida entre balanceo y balanceo en el paraíso de los elefantes. Y así toda la noche. Nuestra cama de tres, es una isla que flota en la inmensidad del sueño. Dormimos los tres muy juntos, muy abrazados para que nadie se caiga por la borda, despertando, comiendo y volviendo al sueño, todos a la vez (bueno casi todos) cada dos horas. Cuando por fin amanece papa abandona el barco para ir a trabajar. Nosotras aún nos quedamos un ratito más, jugando y cantando hasta que estamos listas para empezar nuestra rutina de tetas y pañales y paseítos, felices de celebrar cada día como un regalo que llegó cruzando el cielo, Across de Universe.

Acerca de motherland mamífera

Virginia Mosquera Nació en Madrid en 1974. Graduada en CC de la Información, cursó un postgrado de tres años en la Escuela de letras, además de los seminarios “Story” y “TV Series” by Robert McKee. Escritora. Creativa. Guionista. Percusionista y recientemente, madre de dos hijos. En la actualidad trabaja como directora creativa en una agencia de publicidad. A veces, en la ventana, toca el ukelele.
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Una respuesta a Amor de padre (y de madre)

  1. Mónica dijo:

    Me encanta leerte y saber que también sois papá y mamá colchón, son horas muy bien aprovechadas 🙂 Su papá también es el que duerme a la fierecilla por las noches y luego me uno yo.
    Sigue por favor con tus relatos que nos acercan a lo natural y me hacen reír y llorar con total libertad.
    Un abrazo de leonas

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