J y Cortázar, historia de una niña que no lloraba

Imagen Leí en alguna parte que a los bebés les reconforta la voz humana por encima de cualquier otro sonido, incluyendo la música, incluyendo Debussy y los impresionistas franceses… así son los bebés. Como en el útero materno escuchan perfectamente, la primera voz que reconocen es la de la madre y es un bálsamo para ellos, porque se vuelven a sentir recogidos y calentitos como cuando flotaban felices en su pequeño paraíso de líquido amniótico. Por supuesto la segunda voz es la del Papífero, a quien reconocen al poco de nacer y así sucesivamente con el resto de voces afines. Escuchar voces humanas les tranquiliza tanto, que pueden llegar a dormirse en paz sabiendo que si el parloteo suena, aunque estén hablando de la prima de riesgo, todo bien, significa que nadie les ha abandonado. Lo mismo que les empuja a despertarse y llorar desesperadamente, en caso de que no vean por ahí a alguno de sus progenitores, es lo que les mantendría con vida en la jungla, vamos su instinto de supervivencia. Y es que la naturaleza es tan sabia que les ha programado para que se despierten cada tanto para asegurarse de que su madre no se haya largado a por tabaco, porque su naturaleza sabe que pertenecen a esa clase de mamíferos que no pueden valerse por sí mismos nada más nacer. De hecho Michel Odent dice que el embarazo dura 18 meses, 9 en el útero y otros 9 fuera, en brazos. Así que si lloran es por puro instinto, porque llevan 9 meses ahí dentro compartiendo hasta las palomitas contigo, como para que ahora les mandes al exilio de la cuna o de la habitación de al lado. Eso lo comprendí la primera noche de hospital, al comprobar que sólo se calmó cuando finalmente me la metí en la cama conmigo. Desde entonces la dormimos con mucho mimo normalmente en la teta o en brazos a base de elefantes y elefantes, hasta que cae como un angelito. Luego la dejamos en nuestra cuna para tres y le ponemos el ipod, nuestro pequeño paréntesis para que Papífero y Mamífera disfruten de la cena, tras la cual, y después de la serie de turno, dormimos los tres juntitos. La cosa es que buscado voces humanas en mi ipod para que J nos deje ver una peli entera, he encontrado una joya: Cortázar leyendo Cortázar, probé con uno de sus cuentos y claro, la niña que no es tonta se ha hecho fan. Desde entonces, se lo pongo cada noche. Y lo disfrutamos las dos. A J le encanta dormir escuchando esa cadencia melosa, ese acento argentino, esa voz antigua como una puerta luminosa que se abre un mundo mágico que todavía desconoce, pero que desde sus ojitos de ardilla, ya parece fascinante, la literatura.

Acerca de motherland mamífera

Virginia Mosquera Nació en Madrid en 1974. Graduada en CC de la Información, cursó un postgrado de tres años en la Escuela de letras, además de los seminarios “Story” y “TV Series” by Robert McKee. Escritora. Creativa. Guionista. Percusionista y recientemente, madre de dos hijos. En la actualidad trabaja como directora creativa en una agencia de publicidad. A veces, en la ventana, toca el ukelele.
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3 respuestas a J y Cortázar, historia de una niña que no lloraba

  1. Deo Muñoz dijo:

    No puedes imaginarte lo que llego a aprender contigo. Puse en práctica tu táctica y aunque no le gustó mucho Cortázar, sí le ha gustado Pablo Neruda, así que a su padre y a mi nos ha hecho muy felices, pues es un poeta muy especial en nuestra relación. Gracias por hacer la tarea de criar un bebé más gratificante (si cabe).

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