A yoga para bebés y mamás en una cacharrería móvil

20130405-124259.jpgEl otro día monté por primera vez en bus con mi J de 8 meses. Sí, ya lo sé, todas/os lo hacéis, pero es que no quería correr riesgos, que algunos conductores son como Bin Laden con peluca, y lo digo desde el respeto y la admiración… En fin, me puse la nena en la manduca, (que el peso de mademoiselle, se reparte mejor), el abrigo encima y mi bolso de Stella McCartney, último vestigio de una vida mejor. Salí de casa cargadita y feliz, con una hora por delante, el sol en el medio del cielo y mi resplandeciente bonobus en la mano, nuevecito, a estrenar. Subo y bajo la cuesta de mi calle y justo cuando estoy llegando a la parada, veo mi bus, acelerando, sin la más mínima consideración calle abajo, hago un amago de correr, pero se queda en eso. LLego a la parada y me siento a esperar junto a una señora como de papel de estraza, que mira el infinito con su pelo hueco y su perla vista. Bien, no parece advertir nuestra presencia, paso de las señoras motivadas que no hacen acto de contención ante ningún moflete. La gente va ocupando la parada, los minutos avanzando uno detrás del otro, hasta que por fin, llega el bus. Pico el billete y cuando voy a sentarme, veo que un ejercito de abueletes a cada cual mayor, ocupa los asientos reservados. Les pongo ojos picaruelos y me dejan sentarme con mi bebé, no sin antes darle lo suyo al moflete de J. En la siguiente parada se sube una embarazada de pelo rojo y luego una mamá con capazo. Un abuelete jovenzuelo, depués de hacerse el longuis, con una alta dosis de teatralidad, se pone en pie, cediendo su sitio a la embarazada de pelo rojo, mientras la del capazo ocupa el centro. Seguimos. La embarazada claro, anodadada con J y yo, con mis mensajes de whatsapp. Entonces el bus se detiene, sube otro carrito empujado por una jovencísima filipina, seguida de una señora ciega con un perro descomunal. Quedan dos ancianos sentados, una abuela sorda, la embaraza y yo con la niña. Nos miramos los unos a los otros mientras suena la música del bueno, el feo y el malo. Pero nadie se mueve, la embarazada de hecho saca el Hola y se pone a “leer”. La ciega avanza con su elefante por nuestra cacharrería móvil, e imaginando que alguien se levantará, como es lógico, se para junto a uno de los abueletes de la resistance y sin decir esta boca es mía, se deja caer con todo su peso sobre el abuelo. Y claro, la de San Quintín, se queda corta. El abuelo grita y se pone en pie de un brinco, el conductor arranca, al pobre ciega cae de lado sobre otra abuela, que del susto, pisa al perro, que estalla en ladridos. La gente grita, mi hija llora, todos los bebés lloran, el perro ladra más, el abuelo jura en arameo y todo el bus le grita al conductor, que se pare de una puñetera vez. Conclusión, con lo bien que iba yo a mi clase de Yoga, bendita clase de Yoga de los jueves, en mi bólido de 3 puertas.

Pd: por si no ha quedado claro, adoro mi clase de yoga con Elena Ferraris, iría incluso arrastrándome, no sólo por ella, también adoro a mis compis de clase.

Acerca de motherland mamífera

Virginia Mosquera Nació en Madrid en 1974. Graduada en CC de la Información, cursó un postgrado de tres años en la Escuela de letras, además de los seminarios “Story” y “TV Series” by Robert McKee. Escritora. Creativa. Guionista. Percusionista y recientemente, madre de dos hijos. En la actualidad trabaja como directora creativa en una agencia de publicidad. A veces, en la ventana, toca el ukelele.
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8 respuestas a A yoga para bebés y mamás en una cacharrería móvil

  1. Vicara dijo:

    Jajajajajajajajajaja buenísimo! La verdad es que yo aún no me he atrevido a meterme en el bus con D precisamente por lo mismo. De hecho muchas veces fui con mi megabombo y no hubo seres amables que me cedieran el sitio. Hay personas con la solidaridad donde yo te diga… Tú has pensado dejar la publi y dedicarte a escribir?

  2. mariel dijo:

    morí de risa. acá en uruguay todavía queda un poco de respeto y ceden cualquier asiento, no sólo los reservados. yo también tengo un bólido de 3 puertas pero a veces prefiero el bus porque mi chiqui odia la babysilla. así q allá vamos en la bobacarrier, y él va haciendo amistad con todo el mundo mientras dura el viaje 🙂

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