El Atlas de las madres

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El otro día fui a Lagencia, el lugar al que realmente pertenezco, o por lo menos pertenecía, antes de que la maternidad me sacara del mapa de las personas, para clavarme en algún punto de la imprevisible de la geografía de las madres. Iba a la agencia para entre otras cosas, comunicar que tengo que alargar mi excedencia, con todo lo que eso conlleva, ahí es nada. Una decisión tan difícil de tomar, pero sobre todo, difícil de no tomar, porque dejar a tu pequeña, es como hacerte un agujero en la tripa, sacarte el alma y dejarla en un tupper, toma cuídamela. Yo pensaba que no, pero una vez me vi en el coche pitando a las ambulancias, me di cuenta de que sí, a lo mejor sí estaba nerviosa. A lo mejor porque a la mayoría de mamás que me rodean, o bien las han despedido al reincorporarse de sus excedencias, o bien les han hecho la vida imposible hasta que se han ido ellas (es una plaga). A lo mejor estaba nerviosa porque esas mamás te cuentan cómo lloraron el primer día, tras cerrar la puerta, sentadas en la escalera sin poder presionar el botón del ascensor. A lo mejor estaba nerviosa porque no paras de escuchar historias terribles de accidentes que ocurren en las mejores guarderías y con las cuidadoras más eficientes, eso que yo llamo el “Síndrome Eric Clapton” (que se le calló a la cuidadora, su hijo por la ventana, vamos casi ná). A lo mejor estaba nerviosa porque había dormido mal y mi cuerpo entero ha cambiado tanto para adaptarse a la piel de mi hija, que ya no entro en ningún de esas corazas que se pone uno para ir a trabajar. Quizá porque la imagen que te devuelve el espejo no es la de la chica que salió por la puerta de la oficina tiempo atrás, e imaginas a las otras más delgadas, libres y poderosas. O, a lo mejor, sencillamente el tráfico estaba imposible y J lloró de camino y la ambulancia se lo merecía y yo no había dormido apenas. La cosa es que nada, excepto la multa, fue como esperaba. La montaña se disolvió en el aire, cuando al llegar Mijefa me recibió con un abrazo amoroso sin dejar de sonreír, demostrándome cuántas ganas tenía de volver a verme. Lejos de hostilidad encontré la comprensión, el compañerismo y la solidaridad de otra madre y me alegré sinceramente de trabajar allí. Mijefa me dijo que me entendía, y el cielo se abrió y dí gracias al Dios de las mamás y las hijas, por no tener que separarme de mi pequeña y fragil muñeca, por encontrar en aquella jungla de cristal, compresión y palabras cariñosas, compañeros solidarios y una jefa de un planeta afin, que me dijo que me esperaba, que mi despacho seguía allí y mi sitio en su sitio, esperándome como siempre. Quiero respetar la intimidad de Mijefa, pero no por ello dejar de agradecer la infinita suerte de que sea ella y no otra persona, la que dirige mi departamento. Agradecer que volver será más fácil, dentro de lo que cuesta abandonar a tu cría, porque en Lagencia los valores están por encima de las cosas de la jungla. Me fui féliz, a pesar de los 30 € de multa, pensando que cuando algo extraordiario sucede debe ser contado, porque no todo el monte es ajenjo, hinojo o cardo. Porque aún hay quien entiende que la maternidad es el mayor acto de generosidad. Y sobre todo, porque, igual que sucede con las injusticias que ocurren cada día en la vida real, las buenas noticias también deben de colocarse con una chincheta, bien visibles, en el mapa de la imprevisible de la geografía de las madres.

Acerca de motherland mamífera

Virginia Mosquera Nació en Madrid en 1974. Graduada en CC de la Información, cursó un postgrado de tres años en la Escuela de letras, además de los seminarios “Story” y “TV Series” by Robert McKee. Escritora. Creativa. Guionista. Percusionista y recientemente, madre de dos hijos. En la actualidad trabaja como directora creativa en una agencia de publicidad. A veces, en la ventana, toca el ukelele.
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3 respuestas a El Atlas de las madres

  1. Vicara dijo:

    Ole, ole y ole por Tujefa!
    Ole por ti… por ser valiente. No es una decisión nada fácil….
    Enhorabuena, por poder disfrutar más tiempo de J… y J de ti… mi mundo por poder hacer algo así.
    Un besazo!!!!

    • ¡gracias mamífera Vicara! De momento lo estamos haciendo como podemos, espero que el buen tiempo nos traiga más alegría, va por todas las que no tienen la misma suerte y sobre todo para las que necesitan creer que sí, que otro mundo es posible y aún queds un hueco en el mundo laboral para la maternidad

      • Anónimo dijo:

        en ese punto me encuentro, en septiembre tengo que volver a trabajar……..ganas…ninguna, lejos de casa, de mi fresita, en definitiva de mi nuevo mundo en el que creo que no entra un trabajo en el que lo unico que importan son los resultados.

        Me llamaran loca, me echaran, pero no soy capaz de dejar a mi fresita, de volver a poner los pies en una tierra a la que ya no pertenezco. Admiro aquellas mujeres que lo han hecho, en mi caso…no puedo, se que no debo, pero este tiempo para mi es indispensable.

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