Vacaciones de mí misma


playa
Lo necesitaba, necesitaba dejarme en tierra. Darme un abrazo, coger la maleta y decirme au revoir querida, quédate aquí por unos días que yo me voy a la playa, –¿Sin mí?, dices horrorizada, – Sin ti. La maternidad es lo que tiene, las madres acabamos exhaustas de nosotras mismas. Nos desvivimos de tal manera por la camada, nos dejamos tan de lado, nos olvidamos tanto de quienes somos y qué necesitamos, que, o bien te dejas en tierra unos días y te sumerges en la placidez de una vida sin tus exigencias, o acabas hasta las mismísimas mechas californianas de ti. No soy muy de consejos, (¿O sí?), bueno lo voy a dar de todos modos: Querida Tú, vete unos días sin ti, el mundo que te rodea lo agradecerá. Te recomiendo un destino sin pediatras, blogs de madres, libros tipo La Maternidad, esa desconocida, horarios estrictos, pedagogías Montessori, lucha de sexos, tareas del hogar y facturas pendientes. En tu maleta no cabe nada que no sea mar transparente, puestas de sol, cenas desenfadadas y dormir a pierna suelta, aunque el apartamento parezca Kosovo y la niña no haya cenado más que pan en diez días. Olvídate de las comidas a su hora, de los dispositivos de retención, de estar todo el día en modo qué voy ha hacer con mi vida, o a esta niña le pasa algo, y déjate llevar por el suave rumor de las olas, lejos de la madre (fantástica madre) que eres en casa. Rescata a esa chica irresponsable que cabía en una talla 34, viajaba ligera de equipaje y se reía por todo. Cuando vuelvas y renueves el contrato contigo misma, verás que algo ha cambiado. Que el baile de horarios, comidas o traslados irresponsables a horas intempestivas, lejos de afectarle, parece sentarle de maravilla a tu pequeña sirena. Que ella es feliz, porque te ve relajada y tú cantas y bailas y te pareces más a alguien que ella no conoce tanto, pero tú sí. Ya en tu sofá comprobarás en cada foto, que la niña parecía más feliz día a día, y vosotros…, bueno, vosotros os habéis reencontrado después de un año, (el año más duro de vuestra relación) al borde del mar, en una cala de Formentera, y habéis firmado un nuevo tratado de paz, que, aunque no siempre se cumpla, ni vuestro mar permanezca en calma, te recuerda cuanto, cuanto, cuanto quieres al Papífero. Porque ese hombre sexy, romántico y encantador, también ha vuelto a asomar la cabeza después de océanos de tiempo, para recordarte que él también a veces se pierde y se desconoce y se transforma en un ogro barbudo con pelos en las piernas, just like you.
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Suena el Creep de Radiohead en el salón de tu casa y tú sueltas amarras y te vas a Formentera en un instante privado, a sumergirte una vez más en tu propio océano de calma y pasear sobre tus huellas siguiendo la línea del atardecer, hasta que llegas a una cala donde tu hija y tu marido juegan con las olas, y les lanzas un beso desde lejos y les dices que te esperen, que no se disuelvan, antes de ponerte a recoger juguetes, ordenar facturas y hacer la merienda, mientras piensas, batidora en mano, qué vas a hacer con tu vida.

Acerca de motherland mamífera

Virginia Mosquera Nació en Madrid en 1974. Graduada en CC de la Información, cursó un postgrado de tres años en la Escuela de letras, además de los seminarios “Story” y “TV Series” by Robert McKee. Escritora. Creativa. Guionista. Percusionista y recientemente, madre de dos hijos. En la actualidad trabaja como directora creativa en una agencia de publicidad. A veces, en la ventana, toca el ukelele.
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