Historia de una enfermedad sin nombre

Tenían tanto miedo que dejaron de mirarse. Primero fueron unos movimientos fugaces, la distracción inconsciente de la mirada hacia el otro lado. A veces en un trayecto de coche, otras en un paseo corto, cada cual elegía su lado y miraba el mundo que ocurría por su propia ventanilla. Al poco tiempo se hizo costumbre y lo hacían por los pasillos de casa, cenando, en la cama y hasta dormidos. Y así dejaron de mirarse, de mirar el camino que tenían que recorrer juntos, sin darse cuenta de que entre ellos caminaba su pequeña de año y medio. Ella agarraba cada una de sus manos para no caerse, mirando al frente con los ojos abiertos al mundo en forma de pregunta, luchando, por mantener el equilibrio y conseguir que sus progenitores dejaran de culparse el uno al otro por estar ahí, perdidos, en medio de ese camino ciego llamado: enfermedad. La enfermedad de un hijo se lo traga todo. Y lo sabían, podrían haber hecho las cosas desde la madurez o haber intentado mirarse en el vértigo del otro. Tal vez un par de horas más de sueño lo hubieran arreglado, incluso buscar el encuentro puro y duro de los cuerpos, pero el aire es plomizo cuando el miedo aprieta, y uno, deja de mirar porque duele en lo más hondo. Ahora que la enfermedad remite duermen dando gracias al Dios de los niños, con lágrimas bajo la almohada, sin girarse hacia el otro, porque la costumbre pesa y los huesos están aún fríos. La resaca apunta un invierno largo. Nadie les había contado que esto sucedería, que  convertirse en tres sería una bomba, una bomba de amor, pero una bomba a fin de cuentas. Si el primer año fue para el ajuste de sus relojes al ritmo de la recién llegada, la meningitis, cerebelitis o como quiera que se llame la maldita enfermedad, ha dejado su paraíso para tres al borde de la reserva. DSC_0107

*Y no es que no se quieran, dijo ella, es que no se encuentran.

 

Acerca de motherland mamífera

Virginia Mosquera Nació en Madrid en 1974. Graduada en CC de la Información, cursó un postgrado de tres años en la Escuela de letras, además de los seminarios “Story” y “TV Series” by Robert McKee. Escritora. Creativa. Guionista. Percusionista y recientemente, madre de dos hijos. En la actualidad trabaja como directora creativa en una agencia de publicidad. A veces, en la ventana, toca el ukelele.
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28 respuestas a Historia de una enfermedad sin nombre

  1. Intenso muy intenso!!!
    “…Una bomba de amor, pero bomba a fin de cuentas…”

  2. Ese lugar al que llaman Paraíso… Cuánto juego da y cuantas versiones.
    Tod@s pasamos por esto, sólo tú podías contarlo así…
    A veces es tan personal que no se sabe bien si uno acierta comentando.
    Eres valiente.
    Un abraZo (de los largos)

  3. Carmen dijo:

    Ánimo mamífera! Hay que recordar todo lo que nos une para no dejar espacio a lo poco que nos separa. Suerte 😉

  4. Anónimo dijo:

    El tema es que el hogar no se transforme en un lugar sombrío donde reside ‘el problema’ y quede cómo único recurso buscar afuera distensión. Todos nos sentimos bien riendo sin motivo. La niña merece la oportunidad de hacerlos reir.

  5. Bufff!!!pero qué bien cuentas todo mamífera!la primavera llegará y los huesos se calentarán porque esa bomba de amor no va a dejar que una nevada la entierre. Besotes.

  6. Maite Ortega dijo:

    Mamífera, creo que la última frase la has puesto por nosotras, que llegamos a la foto en lágrimas y sin respirar. Gracias por tener esperanza.

  7. silviuzquiza dijo:

    Vir!!! Animo!!! Estoy aqui. Beso

  8. Moni dijo:

    Es que esa bomba de amor lleva escondidita, justo detrás del cable azul, otra bomba que la la vez sólo se desactiva con la primera… es la bomba del miedo, esa que explota varias veces cada día, sin motivo aparente, al leer una mala noticia en el periódico, al acordarte del accidente de fulanito o de la rara enfermedad del hermano de menganita… Sin motivo, o con todo el motivo del mundo, cuando no sólo se le ven las orejas al lobo sino que se le huele el aliento…
    Mucha fuerza, mamífera, y que esa bomba de amor explote tanto que reviente todas las demás; Que al final, cualquier proceso doloroso, pasa mejor si lo regamos con amor.

  9. Animo mamifera! Llegará la primavera y esa pequeña lleva tanto amor que os regará a todos con él y un día se cruzaran miradas, se rozaran manos, y poco a poco todo sanará! Animo y mucho amor!

  10. Anónimo dijo:

    Nena! en Lanzarote siempre es “primavera”. Y si hay que hacer… hacemos que sea verano, con puestas de sol maravillosas, tacones de vértigo y chalecos bordados… solo hay que añadir chupetes de caramelo… Besos.

  11. Juana dijo:

    Hola,
    es la primera vez que te escribo y ayer cuando te leí se me encogió el corazón. Muchos ánimos y que la primavera traiga luz a vuestros días.
    Saludos.

  12. sonia dijo:

    Valiente mamífera por atreverte a ventilar la crisis de pareja que a casi todos nos a atravesado en algún momento con la llegada de un hijo. Muy pocos la dejamos ver y nos esforzamos en parecer una familia perfecta de puertas para afuera. Eres una diosa nena!!!!!

    • mamífera dijo:

      gracias, gracias linda, es duro reconocerlo, pero sólo desde ahí podemos empezar a solucionarlo. Además nos pasa a todas!! jajaja. Las familias perfectas no existen y menos mal sería duro para nuestros hijos no poder hacerlo mejor que nosotros. Yo estoy a favor de las mamis imperfectas, son mis favoritas, las mamis reales y sinceras que se atreven a reconocerse las cosas y a vivir,a fin de cuentas, esto de la maternidad con todo lo que ello significa a flor de piel y sin miedos. Gracias por tus lindas y alentadoras palabras, gracias a que vosotras existís, yo estoy aquí. A vuestros pies… Abrazo mammífero linda mami

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