Palabras a medias

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La primera palabra entera que ha dicho mi hija en los últimos meses ha sido un adorable guapa en perfecto castellano. Una maravilla escucharla mientras regresábamos del parque dejando un rastro de arena como soldados volviendo de las playas de Normandía. Hasta ahora yo le decía: gua y ella contesataba: paaaaaaa, con una deliciosa entonación musical. Teníamos un ritual de palabras compartidas, yo decía: torti y ella terminaba: llaaaaaa. O campani y ella remataba: llaaaaa, o gigan y ella decía: teeeeeee. Y así, nuestras conversaciones eran palabras partidas que empezaba una y terminaba otra, canciones a dos voces, música privada. Ahora ha empezado a soltarse de mi mano, llegamos al parque o al H&M y sus pies salen despavoridos a abrazar la colección crucero, mientras todos sus nuevos gestos gritan libertad. Ya no necesita la mitad de una palabra para decir algo y ha empezado a ser capaz de dormirse sin necesitar “siempre” la teta. Puedo sentir los primeros síntomas de una nueva perturbación en la fuerza Jedi: Las puertas del paraíso se están abriendo. Veinte meses de circuito cerrado mamá-bebé, van a dar paso a una nueva etapa. Y es hermoso y aterrador a partes iguales dejar de ser parte de este núcleo de dos, porque en los últimos 20 meses + 9 de embarazo no he sido una sola persona ni siquiera diez minutos. Empezar el camino de ser de nuevo una persona, ésa que me pongo para ir a trabajar y que dura exactamente cuatro horas y media, es maravilloso, porque alcanzas una suerte de equilibrio, y cuando vuelves a casa y te reencuentras con tu otro yo al abrazar a tu hija, sientes que está todo en su sitio.  Pero, por otro lado es aterrador, porque llevas demasiado tiempo siendo alguien respecto a otro ser y cuando te mides con tus colegas y preguntas al vacío: oye, ¿pero yo quien era?, un eco impertinente te responde con tu propia pregunta. Una pregunta que dice lo que ya sabes: Tu ya no eres, querida, tú sois. Sois muchas cosas, para lo bueno y para lo mejor. Llevar una doble vida, hace que no puedas dar en todas las dianas la 100%. Pero tú tranquila, darling, que por mucho que pienses que te has salido de la carretera nacional, todos los caminos conducen a Roma, aunque tú no sepas quien eres, ni porqué demonios esto de currar y ser mamá, parece un viaje a Benidorm en patinete por carreteras secundarias. (Suspiro) Sí, empezar a currar a abierto las puertas de ese particular mundo de dos, pero presiento que por mucho que el cordón umbilical comience a soltar cable, esa obra de la naturaleza comprimida en 80 cm, ha abierto otras puertas en tu vida, como este blog y ustedes mismos, señorías, que proporcionan una felicidad que no se explica con palabras (paradojicamente) a una servidora. Si le sumamos esa intensidad que va cogiendo tu vida en cada curva, hasta que consigues cruzar la meta al final de cada día, cuando chocas esos cinco contigo misma, diciendo: otro día más que hemos  llegado a todo, Señorías, conseguimos una felicidad, que sólo algunos suertudos/perturbados/supervivientes/mártires del cubito y la pala, alcanzamos en vida.

Va por ustedes:
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Acerca de motherland mamífera

Virginia Mosquera Nació en Madrid en 1974. Graduada en CC de la Información, cursó un postgrado de tres años en la Escuela de letras, además de los seminarios “Story” y “TV Series” by Robert McKee. Escritora. Creativa. Guionista. Percusionista y recientemente, madre de dos hijos. En la actualidad trabaja como directora creativa en una agencia de publicidad. A veces, en la ventana, toca el ukelele.
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6 respuestas a Palabras a medias

  1. maryam dijo:

    Que identificada me siento con tus palabras…jjajjaj Enhorabuena por tu blog, me encanta! y me declaro totalmente una feliz mamífera al borde de un ataque de nervios! Saludos!!

  2. jajaja felicidades por alcanzar esa felicidad!!! y por esa primera palabra que tan bien define a tu niña, es guapísima!!! 😀

  3. teresa dijo:

    Bravo por esas nuevas palabras y por el texto.
    Y qué preciosa está J!

  4. Marisa Esteban dijo:

    Precioso lo que escribes. Mis pequeñines ya tienen 23 y 21 años pero cuando te leo recuerdo aquellos años de miedos y dudas.
    Y a Benidorm ya sabes que puedes venir siempre que quieras, con o sin patinete. Muchos besos.

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