De lo imposible de ser madre

Captura de pantalla 2015-04-28 a la(s) 19.30.43Desde que salimos de la UCI, (sí el pequeño T estuvo malito nada más nacer, pero eso es otra historia, otro post, incluso otra peli de terror con final feliz), como decía, llevo muchos días escuchando que no se puede controlar todo, que me relaje. Quizá porque desde que volvimos a casa con el bebé sano y salvo no paro de obligar a todo el que le permito entrar en mi casa a pasar por el baño para que se esterilice. Nos lavamos las manos más que un cirujano y no dejo que de momento le vean niños o posibles portadores de gérmenes. Sí, a lo mejor, como ya me han sugerido las voces que me rodean, debería tomarme un cocktail de ansiolíticos que es la forma moderna de afrontar el stress postraumático, pero no es muy mi estilo, soy más vintage, más de pasar las cosas a pelo. Parece que nuestra sociedad sólo quiere anestesiarnos y que no sintamos, “ábrame doctor y sáqueme al niño sin que yo me entere”, antes de plantearnos siquiera la posibilidad de que podamos con ello.  Sí el dolor existe, pero se puede con él, en la mayoría de los casos y al menos hay que intentarlo. Y sí lo de tratar de controlar lo incontrolable es la única razón por la que tenemos ciudades, acueductos, alcantarillado, medicina, antibióticos, presas, ríos, ciudades, fronteras, vacunas y religiones. De hecho el existir como ser humano es un ejercicio de intentar controlar lo incontrolable, así que no venga usted a decirme que me relaje, que yo no puedo hacer nada para evitar que sufra, se enferme, llore o sea infeliz, porque de hecho toda mi maternidad está planteada precisamente para intentar hacer todo lo que esté en mi mano hasta el infinito y más allá. Si no quisiera pasar por esto me hubiera quedado en un spa en Cannes, leyendo el Vogue y comprándome modelitos con un Campari en la mano, dentro de la talla 36. No, estoy aquí para sentir y sí, duele mucho, duele a veces y se siente en lo hondo, pero de eso va esta película, de Sentir. Sentir a flor de piel todo lo que nos tiene reservada la vida de padres y nuestro es el derecho de luchar a brazo partido en las trincheras de lo imposible. Que sean felices y que coman perdices para desayunar comer y cenar sin pisar un hospital y sin que nadie les rompa el corazón, que crezcan y sean seres humanos admirables, que cambien el mundo, que toquen las estrellas, ahí es nada, pero se puede.

 

*dedicado a mi amigo Álvaro por más 25 años de razones imposibles

Acerca de motherland mamífera

Virginia Mosquera Nació en Madrid en 1974. Graduada en CC de la Información, cursó un postgrado de tres años en la Escuela de letras, además de los seminarios “Story” y “TV Series” by Robert McKee. Escritora. Creativa. Guionista. Percusionista y recientemente, madre de dos hijos. En la actualidad trabaja como directora creativa en una agencia de publicidad. A veces, en la ventana, toca el ukelele.
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3 respuestas a De lo imposible de ser madre

  1. Anónimo dijo:

    Querida Virgi, yo no soy madre, ni padre, yo soy un tío y cuando veo a mis sobrinos siento un amor sin condiciones algo que no había sentido hacia otro ser humano, es como si fueran mis hijos pero sin serlo, en ese sentimiento global se mezclan emociones que llevo años gestionando para que no manejen mi existencia y ahora afloran con esta nueva “Pelíncula” (como he oído decir alguna vez a un niño). Es cierto, que no paso todo el tiempo que me gustaría con ellos para vivir más aventuras pero estoy contigo en que hay que vivir las Pelínculas desde lo más profundo de nuestro SER.

    BESOS Y ABRAZOS

  2. mariaddlor dijo:

    Bueno, es que además desde el positivo tenemos que hacer un gran acto de confianza, porque hay muchas cosas que se nos escapan y despene de ellos. Pero es que es imposible no preocuparse por un hijo y menos si acabáis de salir del hospi. Yo no dejaba que vinieran amigos a conocer a Vera por Nora. Hasta que ella no interiorizó a su hermana y la pudo presentar de verdad, solo familia. Y es que cada una tenemos nuestra manera de hacer y creo que es mejor unos cuántos lavados de manos que una ristra de ansiolíticos. Un abrazo!

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