Madres desperfectas

imagesimagesimagesPoco a poco voy entendiendo que mi hijo es mío, que nadie me lo va a quitar, que no existe una invasión multisideral de virus y bacterias terroristas que arrebatan bebés de las amorosas manos de sus madres. Poco a poco voy entendiendo que lo que pasó en la UCI de Neonatos fue sólo un escollo, una muesca, un episodio cero que guardar al fondo del baúl de los recuerdos polvorientos, algo que no airear demasiado, salvo para dar GRACIAS y poner rumbo a Oz a velocidad de crucero. Poco a poco voy haciéndome con los mandos de esta nave de dos hijos únicos (todos los hijos los son), que me requieren a partes iguales en momentos simultáneos, que me quieren y me llenan como universos que es expanden y se mezclan en sesión continua. Las galaxias de sus mundos empiezan a entrar en interacción y eso señorías es la savia de la vida misma. Ya comparten naves, princesas, abrazos y jugos vitales, que van de la saliva al vómito sin que se me pare la respiración. Ya se abrazan y giran y caen al suelo en festivales de carcajadas. Mis naves han tomado tierra, mis soldados se han ido a tomar café. Un profunda expiración desaloja mi alma de toda la ansiedad del pasado. Ya no sufro (tanto) por todo. Mi bebé tiene seis meses de vida (¡aleluya!), hemos llegado a la primera base (que dicen los Yankees) y una parte de mí ha dejado de hiperventilar ante el terror mudo de una invasión vírica. Les parecerá una obviedad, pero para una madre que le quitan a su hijo nada más nacer es todo un principio, y digo principio porque no es que haya despedido al miedo, es que hemos empezado a negociar. El miedo y la culpa son los enemigos invisibles de mis tropas espaciales. Pero ahora me agarro las tripas y tiro para delante porque voy entendiendo que no se trata de aguantar la respiración hasta que pase la tormenta, sino de aprender a bailar claqué sobre el huracán. Los huracanes vendrán, (la crianza es huracanada) pero el arco iris también, y estas tardes de amor al cobijo de la chimenea, de castañas y galletas, de besos y canciones de John Cage y Rosa León, dejan impresa en mi alma una deliciosa sensación de estar viva. Quizá cargue para siempre esta pequeña mochila de temores, quizá ya no me parezca en nada a la madre que había imaginado, pero empiezo a degustar el raro placer de ser una madre sumamente imperfecta.

 

 

 

Acerca de motherland mamífera

Virginia Mosquera Nació en Madrid en 1974. Graduada en CC de la Información, cursó un postgrado de tres años en la Escuela de letras, además de los seminarios “Story” y “TV Series” by Robert McKee. Escritora. Creativa. Guionista. Percusionista y recientemente, madre de dos hijos. En la actualidad trabaja como directora creativa en una agencia de publicidad. A veces, en la ventana, toca el ukelele.
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8 respuestas a Madres desperfectas

  1. Paula dijo:

    Una vez más, tus palabras son reflejo de mi realidad…tus temores, son los míos, lo mismo que el disfrute de las pequeñas alegrías cotidianas que describes. Yo también soy madre de dos criaturas de 25 y 3 meses….también viví el que me separaran de mi hijo a los 15 días de nacer, ingresado en neonatos y no pudiendo estar junto a él, salvo en las horas convenidas para darle el pecho. Y yo, guerrera y peleona me pasaba las noches dentro del coche, en el parking del hospital, ( no podía permanecer junto a él), y me sabía fuerte, poderosa, por mi, y por mi hijo. Afortunadamente, en 5 días, todo pasó y se quedó en un susto. Un susto que se queda dentro del cuerpo,que te acompaña ya para siempre, y una tos, unos mocos, hace que se enciendan todas las alertas de la nave, si, esas rojas intermitentes que hacen tanto ruido…mientras todos duermen y tú sólo piensas en quien narices te convertiste, sintiéndote más vulnerable que nunca pero también más poderosa y feliz con tus dos cachorrillos, de lo que nunca podrías haber imaginado. Nuevamente, gracias! No estamos solas. 🙂

  2. Carmen dijo:

    Esos momentos de oasis llenos de risas… Hay que aprender a disfrutar lo delicioso de ser madres imperfectas! El miedo es libre y estamos programadas para preocuparnos por lo que más queremos, es inevitable, pero a veces hay que esforzarse porque la preocupación nos deje disfrutar. A seguir disfrutando!!

  3. Carmen dijo:

    Me gusta mucho lo que escribes y entiendo perfectamente lo que cuentas. También tuve a mi hijo en UVI neonatos con 20 días de nacer y fueron los 11 días más horribles de mi vida!!. Me quedo sin voz, no podía hablar ni expresar lo que sentía, se me corto la respiración esos 11 días pero afortunadamente todo paso y aunque estuvo hasta los 2 años con alergia alimentaria ya tiene 4 añitos y todo superado y todas las noches recito el mismo mantra: Gracias Madre Naturaleza por tener un niño sano y feliz!!!!.

  4. sonia dijo:

    Super madres imperfectas al ataque!!!!! yujuuuuu!!!!

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