Chocolate-chocolate chip

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Corrían los 90 cuando la descubriste. Entraste en los Ideal con la peli empezada y sin acompañante. Te habían plantado, quizá porque llegaste tarde, bendita juventud, llegaste tarde a casi todo, madurez incluida. Pero aquel día lluvioso (seguro que llovía) viste dos veces Cosas que nunca te dije, tal vez porque no te podías mover del asiento, tal vez porque tenías los ojos llorosos y te dejaron quedarte . Y allí te encontraste: apoyada en el frigo del súper –porque no tenían tu helado favorito, chocolate chocolate chip, charlando con el tipo del teléfono de la esperanza, grabando palabras para nadie. Nunca una película te había atravesado de esa forma. Eras ella en todas su frases. Eras todos los personajes, pero sobre todo eras eso que no se decían. Desde entonces cada vez que alguien te rompía el corazón te comprabas una tarrina de helado y te arropabas en esa peli, que te acompañó de casa en casa, de ruptura en ruptura (incluida la de tus padres) y más de una noche te salvó la vida. Después vinieron más películas y en todas encontraste una tabla da salvación para tus naufragios. Al poco de La vida secreta de las palabras, tuviste la suerte de conocerla. Fue rodando un spot de mujeres que se escondían “en su ropa” y toda tu admiración se tradujo en una suerte de amistad profesional, porque las personas son siempre mejores que las ideas, incluso que sus obras. Esa sensibilidad para retratar a los invisibles– y que tire la primera piedra aquel que no lo sea, bajo capas y capas de palabrería–, esa desolación y esa capacidad de arropar con una sola frase.

Quise decirle tantas cosas que al final nunca le dije nada, pero las películas, los libros y algunas conversaciones nos salvan la vida.

Quisiera darle las gracias por la belleza de sus historias, por toda esa poesía que se encoge de hombros bajo la sencillez de sus argumentos. Pero no lo hice.

Ahora tengo otras cosas que no decirle, porque se ha tomado la molestia de sumergirse en mi libro y buscar, aunque sea ínfimo, algo de ella en él.

Cuando alguien a quien admiras tanto se lee tu libro y le gusta, el mundo se pone boca abajo. Las palabras se caen de los bolsillos, lo que nunca dijiste encuentra su sitio. Entonces solo te queda poner un gracias en la palma de tu mano y soplar…

g              r                 a      c               i              a                      s

#graciasisabelcoixet #chocolatechocolatechipforever #estoesasi

Acerca de motherland mamífera

Virginia Mosquera Nació en Madrid en 1974. Graduada en CC de la Información, cursó un postgrado de tres años en la Escuela de letras, además de los seminarios “Story” y “TV Series” by Robert McKee. Escritora. Creativa. Guionista. Percusionista y recientemente, madre de dos hijos. En la actualidad trabaja como directora creativa en una agencia de publicidad. A veces, en la ventana, toca el ukelele.
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