¡ta chaaaan!

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Ya está aquí mi tercer churumbel, en todas las librerías desde el 20 de Junio

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El impacto de la maternidad

 

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Ya han pasado dos hijos, dos embarazos, 102 meses en total de vida de madre. Esa nueva vida, ese Big ban, ese Hiroshima, ese Woodstock, que te saca de tu vida, de tu carrera, de tu pareja y hasta de tus vaqueros. Que pulveriza lo que fuiste en el espacio sideral de la maternidad, que llena de un amor que por un lado no se explica con palabras, pero te vacía por el otro, dejando un gran espacio en blanco, una página vacía.

Y aquí  sigues, con dos niños que lo son todo, tratando de que la pareja que fuisteis no se hunda en el fondo de esta maravillosa vida de padres. Intentando que el mundo laboral te haga un hueco, bueno, más bien tratando de hacer hueco con una mano, mientras con la otra sujetas a tus dos hijos, que a su vez luchan por tu atención, porque nunca es suficiente, ellos lo quieren “todo” y te rebañan como un bote de nocilla, sin saber que, precisamente “todo”, es lo que tú también quieres. Quieres llegar a fin de mes, llegar antes del baño, llegar a la fiesta de fin de curso (con el traje adecuado), llegar a publicar tu primer libro, llegar a pesar 54 kilos de nuevo, llegar a tiempo al cole, llegar a rodar una serie, o al menos alguna de tus campañas, llegar a ver La la land, llegar a pasarle la carga mental a tu marido (para tome posesión de su 50% de responsabilidad), llegar a tu trabajo y que no te pongan caras (sí la gente que habla de conciliar es la misma que luego pone caras cuando llegas arrastrando ojera por tercera vez del médico) y llegar a reconciliarte, ya que estamos, con este nuevo aspecto de madre, que hace años que no se habla con tu armario.

Llegar, sí, llegar, como si fuera posible que la persona que fuiste y la que eres, “lleguen” a hacer las paces y el mundo te deje sencillamente “ser”, sí, ser, un poco, aquella persona ligera que fuiste un día en una galaxia muy lejana, cuando las cosas llegaban solas y todo parecía que estaba de tu lado, cuando ni siquiera tenías que pronunciar la palabra feminismo, género, sororidad o conciliación, porque estabas demasiado ocupada siendo ligera como un pájaro.

Llegar, sí, llegar a ser la madre que te habías propuesto, antes de saber que no llegarías a nada sin que el mundo te abra un expediente que no se cierra nunca.

Y llegar ser feliz, porque aunque la magia de construir un biboac con los pequeños, mientras fuera llueve, y Sufjan Stevens salta de un tema a otro por una lista de Spotify que se llama “Casa”, para merendar en el desierto inventado de vuestro salón, donde les contarás una y otra vez su cuento favorito, sea lo mejor que te ha pasado en la vida, te gustaría “llegar” a dejar de oírte decir todo el rato lo cansada, sola e incomprendida que estás –quizá solo te pase a ti, pero sospechas que no–, en esta nueva, deliciosa, agotadora y feliz vida de madre, que, por otro lado no quieres que se te escape entre los dedos.

Que lo único que necesitas, es (lo que, sospecho, necesitamos todas), un hueco para ser nosotras en un mundo que nos acepte como somos, una pareja que nos sujete desde el otro lado y volver a caminar sobre las la hierba, con los pies descalzos, después de la tormenta, ahora llevando dos pequeñas manitas dentro de tu mano de madre.

Puede parecer triste, pero no lo es, es solo la Cara B de tu nueva vida, esa que no te cuenta nadie.

Y ahí va un spoiler: la maternidad, claro tiene su Cara B, y eso lejos de lo que pueda parecer, no tiene nada de malo, creo, porque sin ella no habría Cara A, ni bonus track.

Y el bonus track, Señorías, es que este 20 de junio, daré a luz a mi tercer hijo. Un libro que ha sido, de los tres, el parto más duro de todos. Lo he llamado Motherland, y en él la protagonista cuenta sin tapujos, sin guardarse nada, en riguroso directo, todo lo que le hubiera gustado saber a ella de la maternidad.

De la Cara B a la Cara A.  De la cara A a la cara B.

Un libro que nace de la maternidad misma, escrito para acabar con un enemigo común: la culpa, la maldita culpa, el mayor freno para “llegar” a disfrutar de eso de que tiene de milagro y maravilla, ser madre, en un mundo que te apoya poco o nada.

Motherland es mi primera novela y sale a la luz este mes.

Es un atlas de madres, un punto de encuentro y un canto a la feminidad desde otro lado, concretamente desde esa ducha que te sigues dando con la puerta abierta, por si acaso.

Motherland va por ustedes, Señorías, que tantas veces me invitaron a escribirlo:

Bienvenidos.

 

Por petición popular incluyo el link de Amazon para preorder:

 

 

Que lo disfruten…

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No seamos flor de un día

 

No discutamos más
aprendamos a vivir desde la diferencia,
desde lo que somos y lo que no somos
para llegar a la IGUALDAD.
Respetemos nuestros errores.
Respetemos a los hombres, ellos son parte de la solución y no el enemigo,
y amemos a todas las mujeres que somos, hemos sido y seremos
porque sólo juntas podemos cambiar esto
y esto hay que cambiarlo.
Cuando nos dividimos nos hacemos más débiles
cuando nos enfrentamos, más pequeñas
Seamos y dejemos ser porque en algún momento podemos acabar haciendo lo que tanto hemos criticado.
Dejemos de lincharnos, la palabra del día se llama sororidad
y eso significa que ser mujer no es una condición política
ni un motivo para que te peguen
te silencien
te paguen menos
te carguen más.
Ser mujer es hermoso pero NO es más duro, si tienes a otra mujer a tu lado.
Por nuestras amigas, nuestras madres y nuestras hijas.
Por las hijas de nuestras hijas, hoy es un día para estar orgullosas,
sabiendo que la lucha siempre continúa
hasta que la celebración de este día ya no tenga sentido
y celebremos el día de los cerezos en flor.

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Post-Navidades & Happy New Sorority year

girlpower-1080x690Las navidades tal y como las vivimos aquí en España son una suerte de bucle del que parece que nunca vas a conseguir salir, eso que se llama el Never ending Christmas, pero con Los peces en el río de fondo. Es un fenómeno casi paranormal, como cuando te subes en una montaña rusa y, pese a que vas disfrutando como loca con los brazos extendidos y la sonrisa desfigurada, casi fuera de tu cara, no paras de repetir hacia dentro ¡¿pero cuando —- se para estooooo?!
Estas han sido las primeras Navidades conscientes de la niña, que ya tiene 4 y pico. Dada mi naturaleza complicada, y teniendo en cuenta que soy una de esas hipermadres que trata de convertir una tarde con su hija en una experiencia inolvidable, para compensar las ausencias derivadas de la vida laboral y urbana de una madre, pues, tiendo a desfondarme en Navidades, hasta el punto de necesitar otras vacaciones extra, para recuperarnos, de los caballitos de Serrano, las bajadas a la Plaza mayor, el circo de Hielo, los reyes frenéticos, la tensión terrorista, las tres pelis de Disney de turno, las chocolatadas con churros, el afther our de niños y bebés en el que acababa cada celebración, el dolor de tripa, la resaca de polvorón y la necesidad absoluta de tener un ratito aunque sea pequeño para una misma. Pero, quien lo duda, la navidad con toda su frenética actividad, es maravillosa, Señorías, porque nos permite valorizar la vida rutinaria. Qué bonito es que vuelvan a dormir as u hora, a comer tortilla francesa y a aburrirse de hacer lo de todos los días. Qué bonito (¿verdad mamis?), volver al cole y a ballet y a ver una serie mientras se duermen todos después del baño, a su hora. Pero no seamos injustos, esa expresión coleccionable de tu hija, cuando frente el árbol atiborrado de regalos, grita eso de ¡”Mamaaaaaaa han venido los reyes, no te lo vas a creer!!!!, es un revulsivo natural que te pone en paz con los esfuerzos extra de la maternidad. Me quejo mucho de las Navidades, pero es una bendición vivirlas buscando la última muñeca Disney de tienda en tienda, sin pisar urgencias, médicos o comisarías. Al final es una pechada de amor y tensión familiar una mezcla difícil de ordenar, pero vamos que nos nos aburrimos y al menos el mundo se baja por un ratito a la altura de los niños, que no es poco, dada su naturaleza adultocentrista. Mi día favorito de la Navidades, –después de  la noche de reyes–, es el día que inauguramos el año. El día de los propósitos en blanco, porque nos da la oportunidad de reiniciar, refrescar y rehacernos. Es mucho más laico y luminoso, de hecho suele amanecer con el aspecto brillante y almidonado de una camisa nueva. Este año, presiento –como cada Enero– que van a ocurrir grandes cosas, le digo a mi pequeña Jota,”vamos a ser felices, porque lo hemos decidido y vamos ayudarnos entre nosotras para que así sea”. Esto se lo digo, mientras ella vuela por la casa con el delantal de cocina, a la espalda, ahora convertido en capa. ¿Quien eres?; le pregunto: Soy la súper héroa chica. Así que, Señorías estamos de celebración, celebramos el fin de las navidades, el principio de un año que nos ha sido regalado para que hagamos algo mejor con él. Una camisa nueva para vestir las ganas que tenemos de vivir más relajadamente en un nuevo escenario recién estrenado que no nos lo pone fácil, pero no deja de ser un reto. El nuevo escenario es la incertidumbre y el nuevo súper poder, la capacidad de adaptación.  Nos adaptamos a las navidades, igual que nos adaptamos a la cuesta de Enero y ése, es el nuevo súper poder, saber que lo único seguro son los cambios y que los podemos afrontar con el delantal/capa. Que hay que agradecer todo lo que tenemos en lugar de quejarnos de lo que nos falta. Y ese es el punto de partida ideal para SEGIR CON LA LUCHA. Porque que da mucho por conseguir, por un mundo mejor y más justo especialmente con nosotras las mujeres, madres, hijas, chicas, licenciadas, jefas, empleadas, artistas, abuelas, maestras, coleccionistas, supervivientas, princesas, embajadoras, luchadoras de sumo y compañeras del metal. Aún queda mucho por conseguir y no sólo en el tercer mundo, aquí también, parece que sí, pero NO y eso lo hace todavía más difícil. Pero nuestro poder sigue estando en nosotras, las respuestas las tienen las propias mujeres. En lugar de pisarnos la manguera, expresión tremendamente masculina que pone de manifisesto que seguimos viviendo en un mundo de hombres al que nos tenemos que adaptar, propongo, iniciar el Primer Año Internacional de la Sororidad http://www.adforum.com/creative-work/ad/player/34540152/doctor/amcv, porque ser una chica, sigue siendo una condición maravillosa, un orgullo y un súper poder, que, como dijo Spdiderman: Todo gran poder supone una gran responsabilidad.

Va por ustedes, Señoras.

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El primer paso es hablar con él.

bebe-pisa-chuecoEso me dijo mi homeópata  cuando le dije que en la SS me habían dicho que le bebé esta bajito de percentil y que había que poner ojo a eso de que  no gateaba ni se había lanzado a caminar.
–Habla con él –me dijo mi homeópata, mientras yo me laceraba con la culpa, sí la de siempre, la maldita culpa, no me culpen por favor –esto suele pasarle –añadió– a los niños que han estado en la UCI neonatos, ya sabes, que han tenido un aterrizaje forzoso al llegar, y lo que suele suceder, es que perciben el mundo como lugar poco acogedor. El choque es tan grande, que pierden la confianza en la vida, así que habla con él. –Toma ya, espera que me repongo–. Encima, como has empezado hace poco a trabajar, los bebés construyen su confianza al rededor de la mamá y cuando te vas, el mundo se agujerea de nuevo y caen en esa angustia que atravesaron cuando os separaron al nacer; Querida, no hiperventiles, aunque no es grave, a veces los niños tienen hasta que volver a nacer.

–Volver a nacer –digo yo. Sí, pero empieza por hablar, verás que es mágico, luego iremos a eso, hay hasta rituales de cerrada para cerrar ceremonias inconclusas como nacimientos, partos, es muy reparador. Y por supuesto nada de lacerarse, volver a trabajar es responsable y tú además te has tomado hasta los 15 meses para estar con él, eres una privilegiada y él lo sabrá, en cuanto se lo cuentes.
Y eso hice. Me tumbé en la cama, después del baño y mientras le daba un masajito, mirándole hasta el final de esos ojos abiertos al mundo, empecé a contarle lo importante que es que mamá trabaje, lo bonito que es, de hecho para él, porque gracias a eso tenemos una casa preciosa y ropita y cole para su hermana y vacaciones en la playa. Lo bien que le cuida su abuela, porque mamá no le dejaría con cualquiera, y que sobre todo y ante todo que MAMÁ ESTÁ SIEMPRE CON ÉL, AUNQUE NO ESTÉ. Porque lo cierto es que estoy en todo momento, por dentro, conectada con él (y por supuesto pidiendo que me manden fotos por whatsapp hasta las 4 que llego a casa). NO es fácil la adaptación de los niños a este mundo cuando pasan estas cosas, pero hablar, Señorías, hace milagros. Llevo dos semanas hablando con él, explicándole cada cosa, no he vuelto a irme sin despedirme para evitar que llore y no he dejado de contarle lo maravilloso que es vivir. Que se puede confiar en la vida, que el sol sale todos los días y que siempre voy a estar para ayudarle, acompañarle y sostener su confianza. Hemos hablado de amaneceres y de olas de seis metros, de auroras boreales y estrellas fugaces y de que no hay nada tan maravilloso como caminar descalzo por el milagro de lo cotidiano Y, señorías, ha funcionado, ayer el niño dio sus primeros pasos del sofá al banco de salón y luego, para rematar la jugada paso toda la tarde gateando. Quizá sea todo un poco desordenado, pero está sucediendo en un orden perfecto. Está comiendo, está entendiendo y ha empezado a caminar en dirección a sus sueños, haciendo eses, como todos. Yo no le cojo de la mano, sólo le sostengo con mis palabras, con mi ánimo y mi presencia constante, porque incluso cuando no estoy, sigo estando. Y la que está renaciendo, desandando lo andado y aprendiendo a poner un pie detrás de otro, soy, definitivamente yo.

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¡Corre!

Señorías, puedo escuchar a la concurrencia rumoreando, “esta lo ha dejado… no volverá a escribir un post nunca más… es que, claro,  dos hijos, más lo suyo, es mucha tela”. Y…

Origen: ¡Corre!

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¡Corre!

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Señorías, puedo escuchar a la concurrencia rumoreando, “esta lo ha dejado… no volverá a escribir un post nunca más… es que, claro,  dos hijos, más lo suyo, es mucha tela”. Y estaba a punto de darles la razón a todos ustedes, cuando he sacado fuerzas de flaqueza y he dicho, no. No hay que renunciar a todo lo que eres, sea lo que sea que eres, sólo por que tengas dos hijos, un trabajo, un marido peleón, un virus tras otro, plancha de dos meses, vacunas pendientes y folios y folios que llenar de autocomplacencia, culpa, amor y ternura para compartirlo con el mundo. Y es que todo aquel que te diga que “dos hijos” es pan comido, vamos, poco más que uno –a mí me lo dijeron–, es otro de los que quiere hacerte de su equipo y cuando estas atrapado por segunda vez en Babyjail, te dicen eso de “sí es verdad es más del doble de curro”, uf lo recuerdo tremendo. Para contestar rápidamente, a modo de compensación, “eso sí es más de doble de amor”. Sí a todo, Señorías, pero mientras estás enfangado en tus noches sin dormir, tu lucha contra los virus, tu pelea con la conciliación, tus vaivenes con tu santo y encima (redoble de tambores), te deja la cuidadora nada más incorporarte al trabajo, con un bebé de 15 meses, sólo puedes buscar en el gps el camino a Ikea para comprarte un cuchillo que sirva para cortarte las venas. Y de paso unos baberos y una luz de esas para su cuarto y por supuesto, servilletas.

Esa es la realidad de una madre que pretende enterrar el cuchillo y hacer las paces con el mundo cada mañana, en nombre de la conciliación y sobre todo para no oírse a ella misma, hasta que se encuentra con la primera en la frente, que suele ser al poco de levantarse y empieza la guerra y de paso, la carrera.

Cada día es una batalla que hay que librar para no perderte, por los motivos equivocados, el presente de sus hijos y salir indemne. Y cada noche, cuando los has acostado, un triunfo personal a la altura de poner un pie en la luna con unos zapatos de Prada y, eso sí, la lengua fuera.

Hay días que se me olvida vivirlos, sólo puedo sobrevivir a ellos con la vista puesta en el horizonte de los DOS años a modo de pica en Flandes, como si este tiempo delicioso y agotador a partes iguales, que supone criar bebes por duplicado, fuera a volver en un futuro cercano.

Entonces, cuando se duermen, después de las pertinentes celebraciones, me desplomo en el sofá y cae la culpa del techo a modo de telón. Es entonces cuando me arrepiento de habérmelos perdido, de haberles despachado rápido, porque estoy demasiado cansada de vivir en guerra a toda prisa. Entonces me horrorizo de escucharme repitiendo cada rato la palabra corre. “Venga corre ponte las zapatillas, vamos corre al parque, vamos a bañarnos, corre, venga corre dale un beso a papá y corre a dormir que mañana hay cole, corre, corre, corre, que estoy que no puedo más”.

Pobres hijos nuestros que suben y bajan del coche, como si les persiguiera el coyote. Pobres padres que viven con seis frentes abiertos y sólo sueñan con el final de día, a ver si con suerte pueden ver Juego de Tronos, perdiéndose aquellos años maravillosos, que es la primera infancia de sus hijos, y pobres ustedes, Señorías, que sin comerlo ni beberlo se han comido esta perorata, que como no me da tiempo a releer porque tengo prisa, ha resultado de aquella manera, pero por lo menos lo he conseguido, he escrito un nuevo post.

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mi madre

IMG_6351Fueron suyos los primeros tacones que me puse, me sobraba medio pie, pero aún así yo andaba como Naomi Campbell en la NY Fashion Week del 97, ser mi madre se sentía maravilloso. Desde entonces no he dejado de serlo, de ser mi madre. Son suyos la mayoría de mis gestos, la sonrisa y las manos. Suya es mi alegría, mis ganas de vivir, de tirarme a todas las piscinas, de subirme a todos los trenes y salir disparada lejos, si es posible en Concorde hasta la luna misma. Mi madre, ya se lo dije con 4 años en la cocina de la calle de la Palma, es una caballo dorado que dispara flechas de fuego al sol y sí, estoy orgullosa de estar cometiendo no los mismos, sino otros fallos en la crianza de mis hijos, que serán del mismo calibre, con la mejor de mis intenciones y esa sonrisa suya que ahora es mía y todo lo puede. Mi madre es mi mejor consejera y a veces también la peor, mi ONG, mi paño de lágrimas, mi punch de boxeo, enfermera, cuidadora, cocinera, psicóloga, clown de mis hijos y hasta prestamista, lo hace todo y todo es TODO, por nosotros, por eso y de este modo tan modesto, he decidido hacerle un pequeño homenaje en este pedacito de internet, porque las madres se lo merecen TODO y se lo decimos muy poco. TE QUIE RO MAMA no dejes nunca de darme la brasa, regañarme por ir descalza, aconsejarme que me tape, abrazarme con besos de abuela, hacerme croquetas de jamón y darme consejos de madre que caen como cubos de agua, no podría vivir sin ellos. Gracias a ti tengo un modelo maravilloso para seguir  descalabrándome por la maternidad, porque ya he visto que con usa sonrisa, mucho valor y la mejor de las intenciones al final siempre sale todo bien, y si no, como dices siempre tú, es que no era el final.

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El Mundo


Telmo tiene el mundo en sus manos. Ha descubierto que cabe en su manita y puede hacer lo quiera con él. –El mundo es tuyo, le digo, y él se lo cree: Es su pequeño poder. Él todavía cree. Puede contemplarlo, rebotarlo contra las paredes, tirárselo a su hermana, chuparlo, rodarlo y por supuesto mejorarlo. –El mundo es un lugar maravilloso, le digo mientras apago las noticias de ayer, metiendo bajo su alfombra de juegos lo que pasó en Niza o en Ankara, las opiniones de Donald Trump, el agujero de la capa de Ozono y lo que  se le hace con los  genitales femeninos en 28 países de África. Entonces sonrío sólo de puertas para fuera, mientras me pregunto si la palabra correcta sigue siendo “maravilloso”. Telmo juega con el mundo, se lo pasa a su hermana y lo vuelve a coger, es su pequeño poder. Entonces abro la cortinas y dejo que el sol inunde nuestro salón, pongo Just Like Heaven de los Cure y  los agujeros de la palabra maravilloso se rellenan con las primeros acordes y las risas de Telmo y su hermana, que propone jugar a pintar con las manos, –¿Pintar qué?, le digo. –Un mundo más bonito que este, responde muy seria, un mundo con dibujos animados y macarrones de chocolate, un mundo rosa y naranja. Les miro, tienen una dura labor por delante, arreglar este lugar llamado Tierra, que les estamos dejando, porque cuando descubran lo que pasa ahí fuera se les va a romper el corazón. Por eso estoy aquí con ellos, para conseguir que nuestro pequeño mundo, al menos, sea maravilloso. Por eso me reduje la jornada, me cogí una excedencia y renuncié a más de la mitad de mi sueños personales, para que algún día ellos tengan las armas, para enfrentarse al gran mundo y hacer algo en la medida de su indignación, algo por rellenar los agujeros de la palabra maravilloso. Quería ayudarles, regalarles una guía, iluminar otro camino, la cara B del single, porque si hay algo verdaderamente milagroso en este shitty world, son las personas. El mundo quizá esté jodido hijos míos, pero quedamos las personas. Sólo hay que hacer un recorrido por las fotos de tu vida. Las personas que pasan por tu biografía dejan huella, como pasos en la arena, y es justo ese camino, el que conduce a un mundo mejor, lleno de luz y de poemas anónimos, de palabras y sobre todo de hechos. Una aquarela, que como decía Toquinho,  descolorirár.

Dedicado a Luiz Carlos que llenó nuestra vida de colores maravillosos y dejó un mundo para que sigamos coloreando. In memoriam.

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enfermeras buenas y enfermeras diabólicas

imagesNada, que no me quito el cartel de primeriza. (Me cuelga del cuello junto el de: we are open 24h). Pero ahora soy primeriza de dos y sigo cometiendo los mismos primeros errores de toda primeriza. Empiezo a sospechar que con hijos siempre se es. En fin, que nos hemos ido a vacunar y, por ahorrar en paseos y atascos y unificar criterios, se me ha ocurrido pinchar a los dos juntos al centro de vacunación del General Oraa. Y, señorías, ha sido una pésima experiencia. Lo primero que me ha soltado una enfermera del antiguo régimen es que “eso” (y con “eso” me refiero a dar de mamar) no se hace aquí, que hay una sala para “eso” (dar de mamar a mi bebé), fuera, allí donde no pueda incomodar a nadie, cerca de Mordor. No soy una fundamentalista, pero muy educadamente, le he explicado, que es que soy de Marte y en mi planeta a los niños les damos de mamar hasta los dos años, que nuestra asociación de pediatría lo recomienda y lo hacemos a menudo, muchas, famosas marcianas incluidas, que me perdone, pero no sabía que “aquí” estaba mal visto alimentar a tu hijo de la forma más óptima, que es como dicta mi naturaleza. Me excuso educadamente, pero sigo dando de mamar, teniendo en cuenta que no hay nadie más en la sala y busco un pañuelo para taparme, excusándome porque no pensaba que pudiera incomodar a ningún terrestre. La tía me pone cara de póker. Me indica que me acerque con el bebé. Saca las tres agujas y elevando el tono hasta el de todos los dictadores de este mundo, desde su posición de sargenta de la clínica de general Oraa, empieza a dar órdenes como si estuviera dirigiendo la evacuación del Titanic. –¡Coja al niño!, ¡sujétele!, (El niño claro, se acojona).– ¡Verá que se pone a dar patadas, sujétele bien señora, por dios, con fuerzas!. Al niño no le ha pinchado y ya está llorando como un loco. Me voy a levantar  y se la clava la muy perra. Parecía Glen Close persiguiendo al señor Douglas, la misma saña, la misma cara de sádica. –¡Que lo coja le digo!. –Oiga mire, le respondo, ¿no ve que el pequeño está sufriendo?. –Todos lloran, me suelta desde el fondo de su área cavernosa. Por no empeorarlo, le abrazo, le beso y le digo a la bruja del Este. –Pínchele la última por favor y nos vamos. Cojo a mi pequeño mar de lágrimas y le beso y le acurruco y como el pequeño busca el pecho, ahí mismo le pongo al pecho mientras mi pequeña (le hermana mayor) se me agarra a la pierna como diciendo yo ahora paso. –Ahora tu, dice la bruja. Y yo le respondo que le va a vacunar la otra enfermera, la buena, la rubia, la que está a su lado, si no le importa, porque no va a poner sus manazas encima de ningún otro hijo mío, ya se hunda el Titanic. Le hecho una perorata sobre donde acaba y empieza la libertad de cada uno, citando a Eric From, a DR Sears y al Presidente de la Asociación Española de Pediatría, que resulta que es mi pediatra, y me voy con mi teta fuera, como si fuera la libertad guiando al pueblo,me monto en mi barca y me voy con Delacroix escuchando a los Sex Pistols y diciendo a contraluz: “A Dios pongo por testigo que en cuanto llegue a casa voy a escribir un post, que te vas a cagar bruja maldita, no vas a volver a tratar a otra madre así, vete a infantilizar al tío que te paga, ah que soy yo, pues eso, que se nos trate con RESPETO señorías, una palabra que debería sujetar la vida de cada ser humano, empezando por su infancia”.

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