Tú y el mundo del revés.

Nuestra historia fue más bien de amor a primera vista. Yo cogí en brazos tu cuerpo ligero y resbaladizo recién salido de mi vagina y me enamoré. Así de bestia. De cero a cien. Y ya no pude pasar ni un minuto sin tu mirada limpia, tu dulce sonrisa, esa risa constante. Fuimos uno en todas nuestras tribulaciones y aunque sufrí como si me arrancaran la vida cuando te llevaron a la UCI, sólo el cielo sabe que desde que naciste no me separé de ti ni un instante. Aunque mis brazos no te pudieran sostener todo el rato, mi alma ya estaba enlazada a la tuya, mi pensamiento pegado a tu respiración, mis ojos en tus ojos, tu corazón latiendo dentro mío. Ya han pasado 9 meses y sigo latiendo con tu respiración, respirando con tu latido y viviendo feliz porque tú existes en este mundo. Un mundo que estalla en primaveras cada vez que tú te ríes y puedo asegurar que lo haces todo el tiempo. Siempre supe que un hijo destaparía mi alma y traería una felicidad que llenaría  mi mundo conocido de todo lo desconocido, que se me derretirían las ideas con soló escuchar la palabra mamá; pero lo que nunca imaginé es que dos hijos harían explotar ese mundo conocido en un estallido de colores nunca vistos. Nos has traído el caos y la risa. La alegría y una especie de adolescencia que nos hace sentir mariposas revoloteando al rededor de todo lo que te pasa. Has sacado la mejor versión de tu hermana, que ahora te adora. La mejor parte de tu padre que te ama con locura y mi mejor yo, que vivo para adorarte mi príncipe de las mareas, mi dulce cachorrito… eres el gran héroe de nuestras pequeñas batallas contra lo cotidiano, nuestra vida es mil veces más VIDA de lo que nunca imaginamos. Felicidades principito mío a tus 9 meses ya nos has puesto el mundo del revés, que falta nos hacía.

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271 días y medio de amor loco

wpid-wp-1436441950530.jpegAmor agotador, delicioso, asfixiante, tierno, expansivo, abrumador… 271 días de aprender a ser cuatro, a simultanear dos mundos, a mantenerles a salvo de ellos mismos, a desdiscutir entre nosotros y a llevar las 6.504 horas de vuelo como una medalla al valor en la solapa del chandal (que por cierto no consigo quitarme), como una de esas monedas de alcóholicos anónimos que rezan: 271 días  limpios, prácticamente entregados a la causa. Una causa deliciosa y exigente con sus días y sobre todo con sus noches, que las costumbres y necesidades del pequeño T (8meses) no tienen nada que ver con las de su hermanísima J (3 años), a la que por cierto adora y viceversa. Las siestas no coinciden, los baños se duplican, las cenas son circenses y la casa podría aterrizar todos los días en modo tornado sobre el país de Oz . Es casi imposible llegar a la noche indemnes. Hace meses que no sentimos los riñones y los brazos ya los quisiera Rambo (ahora todos se duermen en brazos). En todo este tiempo hemos perdido un diente (de leche), rodado por las escaleras, practicado la maniobra de ahogamiento, aplacado rabietas explosivas, sacado cacas con forceps y aspirado todas las piezas de lego para hacerlas desaparecer como si fuera un accidente. Dicen que cuando el bebé cumple 9 meses es el verdadero final del embarazo. Que tras los 9 meses in útero, vienen otras 40 semanas en las que el pequeño termina de hacerse outdoors. (Como no somos Bambi, nacemos a medio hacer. Producto de la evolución del hombre y ponernos a 2 patas, nuestra enorme cabeza ya no cabía entre unas caderas que estrecharon el canal del parto de las hembras de nuestra especie, así que nacemos a medias). En fin, que creo que nos damos por re-paridos y semi graduados en la nueva vida de 4, depre post parto/UVI, incluída, vamos quiero decir, superando lo presente. Estamos agotados, apenas pegamos ojo, nos cruzamos por los pasillos, dormimos en modo trinchera uno con cada cachorro, pero NO les voy a engañar señorías, esto ES el paraíso. Ver como la niña abraza al bebé, le da el pecho a sus muñecas, ayuda con el niño y se hace cargo de  situaciones duras con una sabiduría que no hubiera alcanzado de otra forma, supera todas las expectativas de los manuales de psicología infantil. Además de los placeres de volver a dar el pecho, disfrutar de esa intimidad, ese silencio, ese olor, esa conexión, esa ternura, esas primeras risotadas, mientras tu hija hace lo mismo con su muñeca de trapo… Volver a degustar todas esas primeras cosas maravillosas sabiendo lo que viene después. Verles jugar, revolcarse y reír, hacer el bollo en una amalgama de brazos, pies y risas, todo al borde de la hecatombe y  el trapecismo, apunto de aplastarse, abrirse la crisma, arañarse, besarse, colapsasarse y abrazarse al mismo tiempo, es la esencia de una felicidad en auténtico Stereo Dolby Surround. Quizá no volvamos a hablar entre nosotros hasta que tengan 14 años. Quizá no volvamos a ver a nuestros amigos hasta los Juegos Olímpicos de Madrid. Pero eso sí, soñamos con la noche loca que nos dejen ver una peli (no cuenta Disney), sin que haya que pasear niños en brazos, discutir en el intermedio o caer como soldados derrotados sobre el viscoelástico sin posibilidad de resucitar al tercer día.

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Saquemos a nuestros hijos del armario

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Nos creemos muy guays porque defendemos los derechos de los perros y las ballenas, apoyamos el matrimonio gay y nos encadenamos a los árboles, pero a nuestra sociedad le traen sin cuidado todos los seres humanos cuando nacen. Como los bebés no pueden hablar, que se jodan. Y sus madres, que se apañen como hacen todas (todas menos las alemanas y las suecas, y las que deciden renunciar voluntariamente, vamos las que pueden, y o quieren, a costa de sus carreras e ingresos). Y así nos pasa, las mujeres nos embarazamos, parimos, consumimos nuestras 16 semanas y entonces qué, miramos al tendido y decimos: ¿es una broma, no?, ¿en serio tengo que abandonar a mi bebé de 4/5 meses que depende literalmente de mi cuerpo, que necesita mi leche y mi presencia para salir adelante, para poder seguir siendo un trabajador y mantener mi independencia económica?, eso señorías, se llama DESIGUALDAD. Es más, es CRUEL y VIOLENTO y lo damos por sentado. Yo no conozco a ninguna madre que no haya llorado al dejar a su bebé para volver al trabajo. Porque señorías, ese primer día, cuando te separas de tu bebé y le escuchas llorar mientras te alejas, sin mirar atrás para que no te vea llorar a ti, es desgarrador y no debería darse por sentado. ¿Este es el mundo tan guay que hemos creado? Un mundo laboral cortado a la medida de los hombres en el que nadie ha hecho un hueco a la maternidad, como si fuera cosa de las mujeres. Un mundo PARA ADULTOS, sin solidaridad, PENSADO POR HOMBRES, para lograr que las OSADAS mujeres que se reproducen vuelvan cuanto antes a ser células de la cadena de producción como UNO MAS. Corrijo: COMO UN HOMBRE MÁS. Sin pararse a contemplar que puede ser una opción personal querer compaginar de verdad la carrera con la maternidad. Sin tener que elegir uno u otro. Porque señorías, a algunas nos apasiona nuestro trabajo, nos hemos dejado la piel en nuestra profesión y al mismo tiempo, sentimos la responsabilidad de la maternidad y el deseo de estar con nuestros hijos porque somos conscientes de cuanto nos necesitan. Las mujeres necesitamos SER ESCUCHADAS porque somos una generación de mujeres insatisfechas, e hijos insatisfechos, nunca los niños habían pasado tanto sin sus padres.

Que se debería poder ser madre y trabajadora es lo que ha venido a poner sobre la mesa Carolina Bescansa hoy. Un gesto que muchas y muchos aplaudimos independientemente de sus ideas políticas. Que la guardería no tiene porqué ser la GRAN opción universal, cuando todas las teorías modernas de crianza señalan la importancia de la lactancia (La Asociación Española de Pediatría, y la  AMERICAN ACADEMY OF PEDIATRCIS, entre otras, recomiendan dos años de lactancia). Los métodos modernos como Attachment parenting, CRIANZA CON APEGO, método canguro o crianza respetuosa, señalan los riesgos de la separación temprana para un recién nacido y la psicología moderna y la nurociencia, lo respalda. Y más allá de todo, EL DERECHO DEL RECIÉN NACIDO A PERMANECER CON SU MADRE Y EL DERECHO DE SU MADRE A CRIARLO, SI ASÍ LO DESEA, debería ser apoyado por una sociedad solidaria, porque todos hemos sido niños y a nosotros sí que nos han CRIADO nuestras madres, algo que los tiempos modernos han convertido en un privilegio.

El mundo necesitaba que alguien pusiera sobre la mesa este problema: tendría que estar contemplada la opción de que una madre no quiera dejar a su bebé de 5 meses en una guardería donde a esa corta edad se va a pasar la mañana llorando, le van a enchufar un biberón de fórmula y puede enfermar porque su sistema inmunitario es inmaduro (el Dr García Sicilia presidente de la La Asociación Española de Pediatría recomienda esperar hasta que acabe su primer ciclo de vacunas entre mínimo 12, idealmente 18 meses). Tiene que haber una opción para la madre que quiere trabajar y criar al mismo tiempo. La mamá que no quiere abandonar su carrera, le encanta su trabajo y a la vez quiere criar a su bebé, debería ser tan respetable como la que desea incorporarse y dejar a su hijo al cuidado de otro. Algunas sociedades como la sueca, son un fantástico ejemplo de que se puede. Sociedad en la que, por cierto, apenas hay brecha salarial por motivo de género.

Me parece alucinante que sea noticia que una madre con un bebé tan pequeño acude a su trabajo con él. Me parece una falta de respeto que se forme semejante revuelo y que se la trate como se la está tratando. ES UN GESTO POLÍTICO, POR SUPUESTO QUE LO ES, y es la voz de muchas madres que como ella, necesitan ser escuchadas en ese mundo vociferante y desangelado. Parece como si lo de tener hijos, que no deja de ser una función social, fuera cosa nuestra.

Es necesario hablar de ello. Bajas de maternidad más largas, permisos para el padre, jornadas adaptadas y compatibles con los horarios de los colegios, ayudas a las empresas que contraten mujeres en jornadas reducidas, deducción de impuestos, flexibilidad y comprensión. Algunas lo vamos consiguiendo a base de mucho sacrificio y por supuesto algo de renuncia, algunas tenemos la inmensa suerte de disfrutar de trabajos flexibles, jefes comprensivos o profesiones más o menos orgánicas, pero la mayoría no.

Aún así pienso que se puede. Ojalá esto sea el comienzo de un cambio de conciencia. Estamos pidiendo a gritos la gran revolución: LA REVOLUCIÓN DEL NACIMIENTO, quizá si empezamos a ocuparnos de nosotras y nuestras necesidades, quizá si nos atrevemos a sacar nuestra crianza del armario, llegaremos a crear un mundo en el que todo tenga cabida, empezando por ellos.

Se lo debemos a las hijas de nuestras hijas.

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Mi muerte espera entre las flores

urlYa está aquí ese primer lunes del año que nos permite sacar los trapos sucios de las navidades y tenderlos al sol para recuperar poco a poco la calma y el sosiego post navideño. Todo esa carga de emociones encuentra su silencio en el invierno, aunque este invierno parezca primavera. Pero sucede… por fin soltamos las riendas de los caballos desbocados. Regresa la rutina y con ella la calma. Y los niños se ordenan y el matrimonio se vuelve a tapar con la colcha de la calma nupcial y los contenedores desbordados de cajas de juguetes se vacían. Este lunes que suele servir de trampolín para nuestro buenos propósitos, amanece con la noticia de la muerte de Bowie y eso lo cambia todo. Es un aleteo sutil que, como todo lo sutil, contiene un tsunami irreprimible. La impermanencia de ser madre y tener 40 años. Bowie se ha muerto para recordarme que debería desempolvar la memoria de años pasados y empezar a vivir como si sólo hubiera un presente, porque la vida te pega un esquinazo repentino, y  todas esas cosas tan graves que nos pasaban, ya no tienen importancia. Voy a tatuarme esta frase: NADA ES TAN GRAVE. Los años pasan y los niños crecen y nosotros nos hacemos más pequeños porque mezclamos la edad con el inmovilismo y entonces de golpe nos hacemos mayores, más mayores de lo que nunca fueron nuestros padres.Vivimos fuera del tiempo, en un eterno futuro que no llega porque lo alejamos nosotros. Hacemos “todo” como puente para alcanzar la siguiente pantalla, y así se nos pasa de largo de la vida. Suelo leer a Thich Nhat Hanh cuando le doy el pecho a mi hijo T para calmar la respiración y hacer las paces con el presente. De ese modo siento que la leche y mi calma van juntas y el niño se duerme más tranquilo. He entendido que fregamos la taza para tomarnos un té, y tomamos el té para ir a trabajar, y trabajamos para salir a comer y el presente se nos escapa entre los dedos como agua sin usar.  Vivimos una cómoda muerte. Nos perdemos todos los días de nuestros hijos, si no somos capaces de disfrutar del momento de dormirles. Nos perdemos su infancia, si no disfrutamos de hacer los deberes con ellos o de leer otra vez el mismo cuento de cada noche, porque eso, precisamente es nuestra vida. La felicidad no se saborea a toro pasado. Se vive o no se vive. Punto.  Las madres nos agobiamos diciendo hasta gastar la frase, que no tenemos tiempo para nosotras, con lo fácil que sería coger todo el tiempo que invertimos en nuestros hijos y hacerlo nuestro. Dejar de agobiarnos por todo lo que nos falta por hacer. Si le doy el pecho a mi hijo durante 40 minutos son 40 minutos míos que voy a disfrutar con él. Si le leo tres veces el mismo cuento lo voy a hacer sólo por el hecho de hacerlo y no como un pasadizo que quiero acelerar a ver si veo una peli, me hago las uñas o arreglo el armario, voy a decir la palabra mágica: DESPUÉS. Después no existe. Vivir par después no es vida. Así que este es mi propósito para este año: Voy a intentar vivirlo. Sin fuegos artificiales. Sin grandes expectativas. Sólo caminado descalza por lo largo y ancho de sus días, viviendo cada instante en un esfuerzo por echar el ancla en el presente para no perderme ni una sola de las tardes de mis hijos, que también son mías. Voy a ser yo siendo todo lo demás. Voy a decirle a la muerte que como a Bowie me espere entre las flores, porque no hay peor muerte que la muerte en vida, querido año nuevo: mi tiempo es mío y no voy a dejar que los hombres grises se lo lleven al reino de las flores. Bueno, lo voy a intentar…images

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Madres desperfectas

imagesimagesimagesPoco a poco voy entendiendo que mi hijo es mío, que nadie me lo va a quitar, que no existe una invasión multisideral de virus y bacterias terroristas que arrebatan bebés de las amorosas manos de sus madres. Poco a poco voy entendiendo que lo que pasó en la UCI de Neonatos fue sólo un escollo, una muesca, un episodio cero que guardar al fondo del baúl de los recuerdos polvorientos, algo que no airear demasiado, salvo para dar GRACIAS y poner rumbo a Oz a velocidad de crucero. Poco a poco voy haciéndome con los mandos de esta nave de dos hijos únicos (todos los hijos los son), que me requieren a partes iguales en momentos simultáneos, que me quieren y me llenan como universos que es expanden y se mezclan en sesión continua. Las galaxias de sus mundos empiezan a entrar en interacción y eso señorías es la savia de la vida misma. Ya comparten naves, princesas, abrazos y jugos vitales, que van de la saliva al vómito sin que se me pare la respiración. Ya se abrazan y giran y caen al suelo en festivales de carcajadas. Mis naves han tomado tierra, mis soldados se han ido a tomar café. Un profunda expiración desaloja mi alma de toda la ansiedad del pasado. Ya no sufro (tanto) por todo. Mi bebé tiene seis meses de vida (¡aleluya!), hemos llegado a la primera base (que dicen los Yankees) y una parte de mí ha dejado de hiperventilar ante el terror mudo de una invasión vírica. Les parecerá una obviedad, pero para una madre que le quitan a su hijo nada más nacer es todo un principio, y digo principio porque no es que haya despedido al miedo, es que hemos empezado a negociar. El miedo y la culpa son los enemigos invisibles de mis tropas espaciales. Pero ahora me agarro las tripas y tiro para delante porque voy entendiendo que no se trata de aguantar la respiración hasta que pase la tormenta, sino de aprender a bailar claqué sobre el huracán. Los huracanes vendrán, (la crianza es huracanada) pero el arco iris también, y estas tardes de amor al cobijo de la chimenea, de castañas y galletas, de besos y canciones de John Cage y Rosa León, dejan impresa en mi alma una deliciosa sensación de estar viva. Quizá cargue para siempre esta pequeña mochila de temores, quizá ya no me parezca en nada a la madre que había imaginado, pero empiezo a degustar el raro placer de ser una madre sumamente imperfecta.

 

 

 

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Y volvió a suceder

Comet_Lovejoy_Near_the_Big_DipperY de pronto te quedaste embarazada de nuevo. Pasados los cuarenta (de refilón eh…) y en la flor de tu carrera (jajaja… dejémoslo ahí). Y es así, nada de lo que pensabas se aproximaba ni remotamente a lo que significaría volver a ser Mamá, del mismo modo que te ocurrió con tu primer hijo. Otra vez, un alud emocional que te estalla en la cara y no lo habías visto venir. Te lo habían contado, mientras asentías con la cabeza en tu jaula de territorios comunes, diciendo para dentro, ya, sí, sí, ser madre de dos hijos, me lo puedo imaginar bla bla bla. Señorías: ni de broma. Parece un clásico pero no lo es. Es otra nueva verdad que se expande con la misma intensidad que la primera pero, ojo, más mucho más rápido. A tu segundo hijo lo quieres desde el segundo Zero tanto como al primero, a pesar de que sientes (muy a tu pesar) que apenas pudiste atenderle en el embarazo, (nada de cánticos Bereberes, paseos diarios, charlas con la barriguita, ni siquiera una tarde de yoga-danza pre-natal mindfunless, pobre mío), y es que apenas te daba la vida para arrastrarte por la casa y hacer algo de caso a tu pequeña de 2 años, entre vómito y vómito. Pero esto no es un dato pequeño, al segundo hijo no le quieres más pero sí le quieres más rápido: Tu primer hijo ha allanado el camino y tú transcurres con ligereza por la senda de un amor lanzadera que una vez más, no te esperabas. Boom segunda parate: –¡Pero cómo le quiero!, dices al cielo por las mañanas, apretando al pequeño, moflete con moflete,mientras das las gracias budistas al Dios de las madres por este lechoncete en forma de regalo que te ha dado la vida. Todo esto para decirles señorías que los rumores se confirman: ¡la cara B del single se sale!. Y claro, las amiguísimas quieren saber y te preguntan tímidamente: ¿Y se puede querer tanto al segundo hijo como al primero?. Señorías es un amor tan grande que hace estallar en mil pedazos la propia pregunta. El capital emocional de la familia se ha disparado y ahora todos nos queremos en forma de estrella. Yo adoro a Telmo, Telmo a Julieta, Julieta a mí, yo a su padre,su padre a Julieta, Julieta a Telmo y así hasta el infinito en múltiples combinaciones de 4 elementos tomados de 4 en 4…. y aunque nos chillemos, lloremos y pataleemos de cansancio, rabia, ¿he dicho cansancio?, cansancio total que no te lo crees y que por otro lado tampoco te vençias venir, (por eso sí esto de ser 4 es lo siguiente a AGOTADOR), sigo, falta de sueño o frustración, el exceso de ruido, los gritos a tu hija y la falta de paciencia, todos los días y todas las noches son un regalo de las estrellas, que como el cometa halley, no me podía imaginar ni de lejos.la foto (81)

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Libre pensamiento

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El verdadero reto de la crianza

GRAN FOTO DOS peqEl reto no es que tu hijo llegue a ser astronauta, presidente de los EEUU, couch de Mindfulness o  medianamente feliz, no, el reto de verdad es no divorciarse. Se lo pueden preguntar a la primera madre con la que se crucen por la calle, elijan a cualquiera, esa misma que empuja el carrito como si transportara 7 kilos de escombro o a ese padre que se va pisando las ojeras en el metro, todos confesarán lo mismo, es un padre/madre admirable, le quiero y todo eso, pero no le aguanto. Yo no sé como nos aguantamos. Frío o calor, Buda o Cristo, fútbol o baloncesto, público o concertado, Montessori o Waldorf, Baleares o Canarias, tu suegra o mi madre, homeópata o antibiótico, Adeslas o Sanitas, carne o pescado, piano o guitarra, no, mejor violonchelo o arpa, literas o consecutivas, bibe o teta, playa o montaña, centro o suburbio, cuna o colecho, chocolate o fruta, tele o parque, abrigo o chaqueta, Beatles o Stones… todo, señorías es discutible hasta el infinito y más allá y claro, como nos va la vida en ellos, el salón puede acabar convertido en  pista de boxeo permanente. Animados por el público invisible de los unos y los otros, los padres de ella y de él, los amigotes y las amiguísimas, que tan bien parecían llevarse en la boda y que ahora opinan sin parar, el derbi papá-mamá está servido las 24h, como la MTV. Bajo la aparente estampa de tranquilidad,tres grados de diferencia en la temperatura ambiente puede acabar con la paz de una deliciosa tarde de domingo, las permanentes corrientes que agitan esa discusión sempiterna que se repite ciclicamente (toda pareja tiene la suya), suelen acabar con el ya clásico: –Ok, como siempre se hará lo que tu quieras o si tienes ganas de discutir, discutimos eh… y adiós día del señor. Y no es culpa de los hijos, nooooo, criaturitas inocentes y agotadoras a partes iguales…. no, el problema surge al rededor  del terreno personal. Ese precioso espacio que solía ser para uno y en el que ahora acampan libremente tus hijos sus legos y las princesas Disney. Ir a la farmacia y parar a ojear inocentemente en el Vips el Vogue, el Marca o la última novela de Murakami, puede ser toda un juerga de la que luego tendrás que dar cuentas a tu pareja y viceversa, porque esta pescadilla se muerde la cola todo el día y aunque aprendamos a convivir con ella, siempre hay mar de fondo. Observo con terror y sin ápice de sorpresa, como una tras otra van cayendo las parejas con niños pequeños de mis alrededores y cruzo los dedos. Hoy, a pocas horas de cumplir tropecientos años junto al padre de mis hijos, reconozco que cada día que pasa es un milagro. Le veo y le admiro porque a pesar de las burradas que le suelto día sí, día también, sigue conmigo. Y me miro sorprendida en el espejo de la mujer que siempre dije que no sería tragándome las frescas que me suelta una tras otra como si fueran moras. Y no lo hago por los niños, lo hago porque lo siento. Siento amor por él. El cansancio y el miedo, las hormonas de punta, la soledad y el terreno desconocido que pisamos cada mañana no son el mejor lugar para edificar ninguna relación y aún así, a trompicones, vamos andando el camino que hacemos. No hay nada tan imperfecto como ser padres. No hay terreno más resbaladizo para una pareja, y aún así sigo apostando por nosotros, porque  no se si es una heroicidad, (nadie dijo que sería fácil), pero desde luego lo nuestro es todo menos aburrido. Feliz aniversario Amor, eres un padre maravilloso, un hombre admirable, mi compañero en todo esto. Repetiría cada minuto que he vivido contigo desde aquella noche en Sanse. Serás el hombre de mi vida hasta el infinito y más allá, pero haz el favor de volver a ponerle a la niña la chaquetita por favor, no vaya a coger frío.

  25 de septiembre 2015,  amor mío todo llega

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Carta a mi pequeña princesa destronada

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Desde que llegamos a casa con tu minúsculo hermano de (ahora) 3 meses y medio, no has hecho más que enviar regalos. Nos has regalado lo más preciado que tiene un ser humano: tu espacio personal, tu reino. Nos has cedido tu cama para que duerma el bebé, nos has dado sin pestañear todo el tiempo que te dedicábamos a ti para que el bebé no se sintiera solo en casa, dejara de llorar y durmiera tranquilo. Nos has regalado tu sonrisa incombustible, tu felicidad inocente y hasta tus legítimas lágrimas para que el niño, que ahora es tu hermano, ocupara la mitad exacta del espacio que le correspondía, echándote a un lado discretamente para que él también cupiera en nuestro tren. A pesar de la semana de UCI, de las noches sin dormir, de los cólicos y las 24hours party teta, siempre me has devuelto una sonrisa y un ramito de palabras de ánimo. Tus abrazos han sido mi gasolina. Tus ojos claros y sinceros, mi pequeño balneario. Y claro que has tenido tus momentillos, gracias a Dios no eres un replicante, pero has sabido expresarlos con una madurez que espero alcanzar cuando yo también sea mayor como tú, La hermana de tres años. Tu belleza es el remedio a todo lo que nos ocurre. Tu sentido del amor y tu lealtad son como el cielo estrellado de nuestras noches de cuentos y almohada. Y ahora me doy cuenta, el día que naciste hice de mis hijos mi reino, a pesar de la carrera y los honoris causa, del dinero y sus sucedáneos… pero tú y tu delicada presencia de princesa que se hizo a un lado para que Telmo tuviera lugar, sois mi tierra prometida. Tu hermano tiene tanta suerte como tú. Mi querida niña, gracias por tu generosidad.

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16.08.2015

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